
Cada fin de semana, mientras miles de personas recorren el Centro de Monterrey, tres mujeres de entre 55 y 57 años buscan salir adelante de distintas maneras. Una conserva las tradiciones con sus manos, otra vende artesanías lejos de su tierra y una más espera la solidaridad de quienes pasan frente a ella. Sus historias recuerdan que detrás de cada rostro hay una vida marcada por el esfuerzo.





















