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Hugo Ontiveros
La esfera política
Por: Hugo Ontiveros

Publicado el

¿Qué es esa perra cosa de Therian?

En las últimas semanas ha comenzado a sonar con más fuerza un término que, aunque no es nuevo, hoy está explotando en redes sociales: therian.



En las últimas semanas ha comenzado a sonar con más fuerza un término que, aunque no es nuevo, hoy está explotando en redes sociales: therian. Para muchos adultos suena extraño, incluso ridículo. Para los jóvenes, es simplemente una forma de identidad.

De manera sencilla, un therian es una persona que se identifica —en un plano psicológico o espiritual, no biológico— con un animal, principalemte con los perros. No significa que “crea que físicamente es un animal”, sino que siente una conexión profunda con ciertas características, comportamientos o energías asociadas a uno.

En redes vemos jóvenes usando máscaras, colas simbólicas o realizando movimientos inspirados en animales. Esto ha generado curiosidad, burlas y también mucha preocupación, principalmente para los mayores.

Vivimos en una era donde la identidad ya no es algo estático ni impuesto; es un terreno en construcción permanente. Plataformas como TikTok e Instagram amplifican subculturas que antes eran marginales o invisibles. Lo que antes era un foro pequeño hoy puede convertirse en tendencia global en cuestión de días.

Para generaciones mayores —que crecieron con códigos más rígidos de identidad y conducta social— este fenómeno puede parecer una ruptura radical con la “normalidad”. La reacción suele oscilar entre el rechazo, la burla o el miedo. Y ahí comienza el conflicto generacional.

El riesgo social no está necesariamente en la práctica en sí, sino en la polarización que puede provocar: jóvenes que se sienten incomprendidos frente a adultos que perciben una pérdida de referentes tradicionales.

Desde una perspectiva psicológica, el fenómeno puede leerse como parte de una búsqueda de identidad, especialmente en adolescentes. La adolescencia es una etapa de exploración: ¿quién soy?, ¿dónde encajo?, ¿qué me hace diferente?

En un mundo hiperconectado pero emocionalmente fragmentado, muchas personas buscan comunidades donde sentirse vistas y aceptadas. El fenómeno therian puede funcionar como un espacio simbólico de pertenencia.

No necesariamente implica un trastorno; en la mayoría de los casos se trata de una expresión identitaria, similar a otras subculturas juveniles que en su momento también fueron incomprendidas: los emos, los punks o incluso los gamers en sus inicios.

Históricamente, cada generación ha tenido expresiones culturales que escandalizan a la anterior. El cabello largo en los 60, los tatuajes en los 90, el lenguaje inclusivo en la actualidad. El therian podría ser leído como un síntoma de una época donde las identidades son fluidas, digitales y altamente performativas.

Más que una “moda rara”, puede ser un reflejo de una sociedad que ha debilitado sus espacios tradicionales de pertenencia: familia ampliada, comunidad física, religión, barrio. Cuando esos espacios se reducen, internet los sustituye.

Aquí es donde el análisis político se vuelve relevante. No se trata de regular identidades ni de estigmatizar expresiones juveniles. La pregunta es otra: ¿qué está diciendo este fenómeno sobre nuestras políticas educativas, culturales, de convivencia y de salud mental?

El fenómeno therian no es el fin de la civilización ni una amenaza social inmediata. Es, más bien, un espejo de nuestra época: una generación que experimenta, que explora y que construye identidad en entornos digitales.

La pregunta no es si nos parece raro o no. La pregunta política y social es: ¿tenemos las herramientas institucionales y familiares para dialogar con lo distinto sin convertirlo en conflicto?

Porque al final, más que una moda, estamos frente a un recordatorio: cada generación busca su lenguaje para decir “aquí estoy”. Y el reto no es silenciarlo, sino entenderlo.

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