Resumen y análisis automáticos realizados con Inteligencia Artificial
Tiempo de lectura:
—
¿Fue útil este resumen?
Este resumen y su análisis fueron generados con apoyo de Inteligencia
Artificial.
Aunque buscamos ofrecer claridad y precisión, pueden existir errores, omisiones
o
interpretaciones inexactas. Úsalo como guía rápida y consulta
la
nota completa para obtener el contexto completo.
Desarrollado por SACS
IA
En México, en los años 80, durante la administración del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, la política de turismo que se aplicó para el país fue la llamada “industria sin chimeneas”; una especie incipiente turismo ecologista que apostaba a la explotación de los atractivos turísticos del país, para contrarrestar los efectos nocivos de la industrialización sin control, lo que catapultó a lugares como Bahías de Huatulco y Cancún.
Casi medio siglo después, el turismo mexicano se prepara en este 2026 para un evento histórico lo es ser sede por tercera ocasión del Mundial de la FIFA, además de que será país invitado de la prestigiosa Feria Internacional de Turismo (Fitur) de España.
Foto: Archivo
Este contexto no solo pondrá a México en el escenario global, sino que alentará a la consolidación de ciudades y pueblos mágicos que, más allá de sus atractivos tradicionales, se han convertido en marcas poderosas y autosostenibles. El caso más emblemático es justamente el de Cancún, seguido por Los Cabos.
El fenómeno va más allá de destinos consolidados como San Miguel de Allende o Mérida, porque se extiende a lugares emergentes y pueblos mágicos que han logrado una transformación profunda, capitalizando una oferta integral de experiencias auténticas, conectividad y seguridad.
La transformación de un lugar en una marca consolidada, una "marca que se vende sola" responde a un cambio estructural en el ecosistema turístico mexicano y en las expectativas de los viajeros. Y esta perspectiva ha podido trascender de las gestiones políticas y del temor del sector empresarial a la política de la Cuarta Transformación.
Por el contrario, el sector turístico parece haberse acomodado bien con los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador, y Claudia Sheinbaum, incluso a pesar del impacto devastador del huracán Otis sobre Acapulco: la propia presidenta Sheinbaum pasó su descanso de Navidad en el otrora paradisiaco puerto.
Así, las claves de este éxito de las ciudades turísticas ya no residen únicamente en un monumento histórico o un paisaje natural, como en la década de los años 80, sino en una combinación estratégica de factores que satisfacen al turista moderno, quien busca experiencias auténticas e inversivas con claro propósito que satisfaga, por un lado, esa sensación de bienestar personal, con una conexión comunitaria real.
En esa tesitura, el turismo mexicano ofrece experiencias para todos los gustos y niveles pero va centrado en tres factores esenciales:
Turismo descentralizado y economía local: Más allá de la gentrificación de los centros históricos en diferentes ciudades, actualmente, 7 de cada 10 reservaciones en plataformas como Airbnb en México son de viajeros nacionales, y el 70 por ciento de los anfitriones tienen otra ocupación principal. Esto activa economías familiares y barriales, distribuyendo la derrama económica más allá de los centros turísticos tradicionales. Las medianas y pequeñas empresas que han surgido de esta actividad son lideradas en un 53 por ciento por mujeres, quienes se han convertido en la columna vertebral de la oferta, complementando y modernizando la capacidad del país.
Foto: Archivo
Infraestructura y servicios de calidad: La profesionalización es prioritaria. Y las ciudades marca lo saben. Entre octubre de 2024 y agosto de 2025, se capacitaron a más de 6 mil 490 prestadores de servicios turísticos en todo el país, y se emitieron miles de distintivos de calidad para servicios, hoteles y guías, brindando certeza a los visitantes. La continuidad de programas como los Ángeles Verdes, que ofrecen asistencia vial y orientación en carreteras federales, apoya a mejorar la percepción de seguridad y apoyo.
Conectividad y promoción integrada: La modernización de carreteras, como los proyectos entre Oaxaca y Chiapas, y el desarrollo de rutas temáticas -como las 267 "Rutas del Aficionado" vinculadas al Mundial de Fútbol-, son cruciales para integrar destinos emergentes a los circuitos turísticos principales. La promoción se potencia con una estrategia de marca país unificada, que se exhibirá globalmente en FITUR 2026 con la participación de los 32 estados.
Destinos en transformación: Pueblos Mágicos con visión de futuro
Los 177 Pueblos Mágicos son el laboratorio perfecto de esta evolución, pues también han entrado en esta dinámica, que ha catapultado a Oaxaca, San Miguel de Allende, Guanajuato, Puebla, Puerto Vallarta o la isla Holbox.
Más que un título, hoy implica una gestión integral bajo una Estrategia Nacional de Turismo que trabaja en cinco ejes, incluido el turismo comunitario. Algunos casos de éxito son:
Orizaba, Veracruz: Ha transitado de ser una ciudad industrial a un destino de turismo experiencial. Ofrece un teleférico a 300 metros de altura, un paseo y zoológico en el río Orizaba, museos interactivos como el de Arte Popular, Mier y Pesado, el Palacio de Hierro y sus innovadores parques, como los 500 Escalones, ofrecen una oferta diversificada que atrae a familias, aventureros y turistas culturales por igual.
Valle de Bravo, Estado de México: Siempre conocido por su lago y arquitectura, hoy es un hub de turismo de bienestar y naturaleza. Atrae con el Santuario de la Mariposa Monarca en Piedra Herrada, la Gran Stupa de la Paz (un centro de meditación único), y una escena gastronómica y de galerías de arte que compite con destinos urbanos.
El fenómeno de la relocalización de empresas ("nearshoring") está generando una nueva categoría de destinos atractivos no solo por ocio, sino por oportunidades laborales y económicas, creando un círculo virtuoso.
Querétaro y Monterrey: Son casos paradigmáticos. La llegada masiva de inversión extranjera, como la instalación de Tesla en Nuevo León, ha disparado la demanda de servicios profesionales, hospedaje de larga estancia y gastronomía de calidad. Esto ha transformado su oferta urbana, atrayendo también a un turismo de negocios y eventos de alto nivel, y generando una vibrante vida cultural y nocturna que atrae a visitantes los fines de semana.
Foto: Archivo
Corredores culturales y comunitarios
La apuesta por desarrollar rutas y corredores está permitiendo que destinos menos conocidos brillen al integrarse en una narrativa más amplia.
Ruta del Mezcal (Oaxaca) o Ruta Maya (Chiapas, Yucatán, Quintana Roo): Estos corredores permiten a pequeños pueblos, comunidades indígenas y haciendas participar del turismo. Los viajeros buscan autenticidad y contacto directo con productores, lo que genera una derrama económica más justa y sostenible.
Programa "Rutas Mágicas de Color": Esta iniciativa gubernamental, que pintas fachadas y crea murales artísticos, ha intervenido miles de metros cuadrados en pueblos, reforzando su identidad visual y atractivo fotográfico, un factor clave en la era de las redes sociales.
Foto: Archivo
El camino por delante: desafíos en la cima del éxito
El crecimiento trae sus propios retos. La presión sobre la infraestructura como el agua, energía y la movilidad en destinos masivos, la necesidad de renovar destinos maduros como Cancún o Puerto Vallarta para ofrecer autenticidad además de sol y playa, y la fuerte competencia internacional son amenazas reales.
Además, se requiere una regulación equilibrada entre la hotelería tradicional y las plataformas digitales, y una gestión sostenible que proteja el patrimonio que hace únicos a estos destinos.
Foto: Sheila Gutiérrez
El futuro del turismo mexicano ya no se medirá solo en millones de llegadas —se proyectan más de 60 millones de turistas internacionales para 2030—, sino en su capacidad para crear experiencias con propósito que generen bienestar compartido.
Las ciudades y pueblos que hoy "se venden solas" son la prueba de que, cuando la autenticidad, la innovación comunitaria y la gestión profesional se alinean, se puede construir una marca poderosa y resiliente que trasciende la coyuntura y se convierte en un legado.