Hugo Ontiveros: El fútbol logra lo que la política no puede
¿Hace cuánto no veíamos un México así?
Resumen y análisis automáticos realizados con Inteligencia Artificial
Tiempo de lectura:
—
¿Fue útil este resumen?
Este resumen y su análisis fueron generados con apoyo de Inteligencia
Artificial.
Aunque buscamos ofrecer claridad y precisión, pueden existir errores, omisiones
o
interpretaciones inexactas. Úsalo como guía rápida y consulta
la
nota completa para obtener el contexto completo.
Desarrollado por SACS
IA
¿Hace cuánto no veíamos un México así?
¿Hace cuánto no entrábamos a un restaurante, a una oficina, a una comida familiar o a una fila del supermercado y todos hablábamos exactamente de lo mismo?
No de política.
No de elecciones.
No de quién es chairo o quién es fifí.
No de quién tiene la culpa.
Simplemente de fútbol.
Confieso algo: hasta ganas de llorar me dan.
Y no porque México esté ganando. Eso emociona, claro. Pero lo que verdaderamente me conmueve es otra cosa. Me emociona descubrir que seguimos teniendo la capacidad de unirnos.
Que debajo de tantas diferencias sigue existiendo un país que sabe abrazarse. Porque durante años pareciera que nos acostumbramos a discutir por todo. A etiquetarnos. A dividirnos. A pensar que el otro era el enemigo simplemente porque votaba distinto.
Y de repente apareció un balón.
Noventa minutos.
Once jugadores.
Un escudo.
Y todo cambió.
¿Qué tiene el fútbol que no ha tenido la política?
¿Por qué un gol consigue lo que cientos de discursos nunca lograron?
¿Por qué hoy dejamos de preguntarnos por quién votaste y empezamos a preguntarnos dónde vas a ver el partido?
El Mundial llegó cuando México más necesitaba una buena noticia.
Vivimos rodeados de violencia.
De desapariciones.
De asesinatos.
De secuestros.
De extorsiones.
De tragedias que ocupan todos los días las primeras planas.
Vivimos cansados de tanta nota roja.
Y quizá por eso hoy las plazas están llenas.
Quizá por eso miles salen a celebrar aunque esté lloviendo.
Quizá por eso vemos familias completas abrazándose con personas que jamás habían visto. No estamos celebrando únicamente un triunfo deportivo. Estamos celebrando la posibilidad de sentirnos felices otra vez. De olvidarnos, aunque sea por un rato, de todo lo que pesa.
¿No era eso lo que tanto necesitábamos?
Porque seamos sinceros.
La mayoría de quienes salen a festejar no lo hacen pensando en la siguiente ronda.
Salen porque quieren sonreír.
Porque quieren reunirse con la familia.
Porque quieren abrazar a sus amigos.
Porque quieren echarse unas cheves, cantar, gritar un gol y regresar a casa con un recuerdo bonito.
O simplemente echar desmadre con desconocidos
Y eso también alimenta a un país.
Claro que vendrán partidos más complicados.
Claro que quizá llegue una derrota.
Así es el fútbol.
Pero hoy no quiero pensar en eso.
Hoy quiero quedarme con la imagen de un México que dejó de insultarse para empezar a abrazarse.
Porque si pudimos hacerlo por un balón...
¿Por qué no podríamos hacerlo por la seguridad?
¿Por qué no por la educación?
¿Por qué no por la salud?
¿Por qué no por las oportunidades que millones de mexicanos siguen esperando?
¿De verdad es tan difícil construir acuerdos cuando compartimos un mismo objetivo?
Por lo verdaderamente importante…
Tal vez el Mundial no solo vino a regalarnos partidos.
Tal vez vino a recordarnos quiénes somos cuando dejamos de pelearnos.
Porque al final, detrás de cada camiseta, de cada bandera y de cada festejo, no hay chairos ni fifís.
Hay mexicanos.
Y esa, quizá, sea la victoria más importante que hemos conseguido en lo que va de este Mundial.