La Casita de las Ardillas: el refugio de Monterrey que rescata animales con discapacidad
Aquí se reciben animales con discapacidad, secuelas de maltrato o edad avanzada reciben cuidados, rehabilitación y una nueva oportunidad para vivir con dignidad, mientras esperan encontrar una familia.
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Hay animales que esperan una familia durante semanas. Otros durante meses. Y algunos, como Mochito, llevan tantos años en un refugio que, muy probablemente, ese será su hogar para siempre.
En La Casita de las Ardillas, ubicada en la colonia Roma en Monterrey, viven alrededor de 55 animales entre perros, gatos, aves, tortugas, ardillas y pequeños mamíferos. Lo que hace diferente a este lugar no es la cantidad de animales que alberga, sino las historias que guarda entre sus paredes.
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Aquí llegan aquellos que muchos consideran “difíciles de adoptar”: animales viejitos, con alguna discapacidad, víctimas de maltrato o con enfermedades que requieren cuidados especiales.
¿Qué hace diferente a este refugio de otros?
Mariana Elizabeth de la Cruz de León, responsable del refugio, explica que decidieron enfocarse en quienes tienen menos posibilidades de encontrar un hogar.
“Tratamos de recibir principalmente a los animalitos con necesidades especiales. Muchos requieren atención médica permanente, rehabilitación física o incluso rehabilitación emocional, y eso hace que sea muy poco probable que alguien decida adoptarlos.”
Cada uno carga una historia distinta.
Hay un hámster que perdió la vista.
Una ardilla nació con una deformación en la columna.
Otras presentan secuelas de desnutrición y nunca lograron desarrollarse como debían.
También hay perros que fueron atropellados, gatos lesionados y aves rescatadas cuando aún eran crías.
Algunos llegaron con heridas visibles; otros, con heridas que no se alcanzan a ver.
Uno de esos casos es el de un perro que perdió un ojo después de sufrir un fuerte golpe.
Además de recuperarse físicamente, necesitó volver a confiar en las personas.
“Durante mucho tiempo ni siquiera permitía que me acercara. Fue un proceso muy largo de rehabilitación emocional para que entendiera que ya estaba a salvo”, recuerda Mariana.
¿Cómo llegan estos animales al refugio?
En ocasiones es la propia Mariana quien los encuentra abandonados mientras recorre las calles. Otras veces son ciudadanos quienes la buscan después de encontrar un animal herido.
Cuando se trata de especies silvestres, la historia suele repetirse.
Muchas personas compran un pato, una iguana, un pollito o una ardilla cuando aún son pequeños, pero al crecer ya no saben cómo cuidarlos y terminan entregándolos al refugio.
Fue precisamente esa situación la que dio origen al nombre La Casita de las Ardillas.
Hace varios años comenzaron a recibir cada vez más ardillas huérfanas o lesionadas. Con la asesoría de un veterinario especializado en vida silvestre aprendieron a cuidarlas correctamente para, cuando es posible, devolverlas a su hábitat.
El objetivonunca ha sido acumular animales.
Por el contrario.
Mariana procura mantener un número que le permita brindarles alimento de alta calidad, atención médica especializada y el espacio suficiente para vivir dignamente.
Cada especie recibe atención con médicos veterinariosespecializados.
Las aves son revisadas por expertos en fauna aviar.
Los pequeños mamíferos tienen otro especialista.
Y los perros y gatos reciben seguimiento constante.
“Respetamos mucho el trabajo de los veterinarios. Nunca pedimos que trabajen gratis. Algunos nos apoyan con costos más bajos o nos dan facilidades para pagar cuando hay cirugías costosas. Gracias a ellos podemos seguir ayudando.”
¿Qué se necesita para adoptar?
Adoptar en este refugio implica mucho más que enamorarse de un animal.
Los interesados deben ser mayores de edad, demostrar estabilidad económica, llenar un cuestionario, pasar una entrevista y permitir una visita domiciliaria.
La entrega del animal se realiza directamente en el hogar del adoptante para verificar que realmente contará con un espacio seguro.
Además, existe un compromiso muy claro.
Si en algún momento ya no pueden hacerse cargo del animal, deberá regresar al refugio y no ser entregado a otra persona.
La intención es conocer siempre dónde está cada uno de ellos y garantizar su bienestar.
Entre todos los habitantes del refugio hay uno que representa perfectamente el espíritu de este lugar.