Entre hilos, fe y tradición: los ropones que visten al Niño Dios en Monterrey
Los locales y puestos informales ya tienen a la venta los ropones y lo necesario para levantar al Niño Dios el próximo 2 de febrero, Día de la Candelaria.
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En un pequeño local del Centro de Monterrey, Zuri y su esposo mantienen viva una tradición de más de 50 años: la venta de ropones para el Niño Dios.
Entre telas, figuras y asesoría personalizada, su negocio se ha convertido en un punto de encuentro para quienes celebran el Día de la Candelaria y buscan preservar una costumbre que pasa de generación en generación.
Venta de ropones para el Niño Dios. Foto: POSTA.
Aquí la tradición no solo se vende: se cuida, se hereda y se colecciona. Sobre la calle Ruperto Martínez, casi en el cruce con Colegio Civil, Zuri y su esposo atienden un negocio familiar que nació hace más de cinco décadas, cuando su suegra comenzó a confeccionar y vender ropones para vestir al Niño Dios.
¿Cómo un oficio tan específico logró mantenerse vigente durante tantos años en medio de los cambios de la ciudad?
Con el paso del tiempo, la venta se transformó en algo más profundo. La tradición trascendió el mostrador y dio paso a una colección que hoy sorprende a quien se detiene a mirar:
Figuras del Niño Dios de todas las medidas y estilos, vestidas como doctor, representando distintos oficios e incluso con atuendos inspirados en la vestimenta del Santo Padre.
¿Qué lleva a una familia no solo a vender ropones, sino a conservar y exhibir estas figuras como parte de su historia?
Cada año, este pequeño espacio se convierte en un punto de referencia para quienes se preparan para el 2 de febrero, Día de la Candelaria, fecha en la que “levantar al Niño Dios” reúne a familias enteras alrededor de una costumbre que sigue viva.
Las figuras en exhibición permiten a los clientes observar cómo luce cada ropón ya puesto, facilitando la elección para quienes llegan por primera vez o buscan renovar la vestimenta de su imagen.
¿Cuáles son los precios de los ropones?
Los precios varían según el tamaño del Niño Dios: desde la medida triple cero hasta el número 12.
Pero puedes encontrar desde 50 pesos, 180 o hasta 300 pesos, pero son vestidos o ropones más elaborados a mano.
Los materiales también hablan por sí mismos: estambre, hilo, manta, encaje y raso, en distintos colores y diseños.
Algunos ropones están elaborados completamente a mano, detalle que para muchos compradores marca la diferencia. Cada conjunto incluye gorra y zapatillas del mismo material, para que el atuendo esté completo.
Cuando surgen dudas, algo común entre quienes no saben exactamente qué comprar, Zuri se convierte en guía. Con paciencia asesora a las compradoras, explica qué piezas conforman el ropón y orienta sobre la medida correcta.
Venta de ropones para el Niño Dios. Foto: POSTA.
¿Qué mejor manera de preservar una tradición que acompañar a quienes buscan vivirla por primera vez?
Además de su labor como vendedora, Zuri tiene una característica que la distingue: se convierte en una especie de madrina para quienes llegan a su puesto. En algunos casos, regala la figura del Niño Dios en medida triple cero, ya vestida con su ropón.
Esta creadora de contenido no fue la excepción: hoy ya tiene su Niño Dios y, simbólicamente, también una nueva comadre.
Así, entre hilos, telas y fe, este negocio familiar no solo viste figuras religiosas: fortalece vínculos, acompaña historias personales y preserva una tradición que sigue latiendo en el corazón del Centro de Monterrey, en las calles Ruperto Martínez y Colegio Civil.