De un indicio a una prueba: así trabaja el laboratorio que ayuda a esclarecer los hechos
En el Laboratorio de Indicios, del Instituto de Criminalistica y Servicios Periciales de la Fiscalía del Estado, una prenda, un celular, un arma o hasta una cobija pueden convertirse en piezas clave para una investigación.
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Entrar a un laboratorio forense no es solamente conocer equipos y procedimientos. Es acercarse a un lugar donde cada objeto que llega puede formar parte de una investigación y donde la confidencialidad y el manejo profesional de la evidencia son fundamentales.
POSTA tuvo la oportunidad de ingresar al Laboratorio de Análisis de Indicios del Instituto de Criminalística y Servicios Periciales de la Fiscalía del Estado, conocer de cerca el trabajo que ahí se realiza y saber qué ocurre con las evidencias después de ser recolectadas en un lugar de los hechos.
POSTA entrevistó a Juanita Elizabeth Miranda Montoya, perito de laboratorio de indicios, quien cuenta con 15 años de experiencia en esta área.
Y aunque desde afuera puede parecer que se trata solamente de recibir objetos y enviarlos a otros laboratorios, detrás existe todo un proceso.
¿Qué ocurre desde que un indicio llega al laboratorio hasta que es enviado para su análisis?
Todo comienza desde el lugar de los hechos.
Los peritos de criminalística de campo recolectan los indicios y los entregan acompañados de una cadena de custodia, además de un embalaje debidamente identificado y etiquetado.
Cada evidencia lleva una cinta de seguridad con las iniciales y firma del perito, así como la fecha de recolección.
Una vez que llega al laboratorio, se verifica la documentación y, de acuerdo con la solicitud de las unidades de investigación y los estudios realizados en criminalística de campo, se determina qué procedimiento debe seguir.
¿El objetivo?
Obtener evidencia que pueda ser útil para otros especialistas.
Puede tratarse de material biológico como sangre, semen, pelos o saliva, pero también pueden llegar prendas de vestir, ropa de cama, cobijas, colchas, cortinas, toallas, celulares, bolsas con pertenencias, artículos personales, armas de fuego, cuchillos o navajas, entre muchos otros objetos.
Dependiendo del caso, la cantidad de indicios puede ser enorme.
En cateos relacionados con homicidios, feminicidios o delitos sexuales, por ejemplo, pueden recibirse 500 indicios o más.
Cada uno debe ser identificado, documentado y manejado de manera adecuada.
Después, las muestras que corresponden son enviadas a áreas especializadas como Genética Forense, Química Forense o Balística Forense, donde pueden realizarse estudios que permitan obtener información científica.
En el caso de genética, por ejemplo, el objetivo puede ser obtener un perfil genético que posteriormente permita establecer una posible vinculación con una persona detenida o con una víctima.
¿Cómo mantienen la confidencialidad y el profesionalismo cuando trabajan con casos tan delicados?
En este laboratorio, la discreción forma parte del trabajo.
Los resultados, dictámenes y fotografías que se realizan de cada indicio son manejados de manera confidencial. La información que se obtiene depende de cada investigación y no todos los casos requieren los mismos procedimientos.
Pero existe otro reto que no tiene que ver con los equipos ni con las evidencias: el aspecto emocional.
Juanita tiene 15 años trabajando en esta área y reconoce que hay casos en los que es inevitable sentir, especialmente cuando se trata de delitos fuertes.
Sin embargo, explica que el trabajo debe realizarse de manera profesional, manteniendo el objetivo de obtener un resultado que ayude a esclarecer los hechos.
Porque detrás de cada indicio hay una historia, pero frente a la evidencia debe prevalecer el procedimiento.
¿Qué importancia tiene el trabajo del laboratorio para llegar a la verdad y a la justicia?
El trabajo que comienza con una evidencia física termina convertido en información científica.
Los resultados de los diferentes estudios quedan plasmados en dictámenes periciales, documentos que pueden ser utilizados por los fiscales durante un juicio oral.
Es ahí donde una prenda, un arma, un celular o una pequeña muestra biológica dejan de ser simplemente objetos y adquieren un valor dentro de una investigación.
El laboratorio transforma la evidencia física en datos que pueden ser analizados, comparados y utilizados para ayudar a esclarecer un hecho.
Y para Juanita, ese es precisamente el sentido de su trabajo y el de sus compañeros: hacer lo que les corresponde con profesionalismo y, sobre todo, contribuir a la procuración de justicia.
Dice que quienes trabajan ahí lo hacen porque les gusta lo que hacen, porque existe amor por su profesión y porque saben que su trabajo puede ayudar a la comunidad.
Son muchas manos, diferentes áreas y cientos de indicios los que pueden intervenir en una sola investigación.
Pero detrás de cada uno existe un mismo propósito: que la evidencia hable y que la ciencia ayude a encontrar respuestas.