Caldo de res, el platillo que devuelve el calor al cuerpo y al alma
Cuando el termómetro desciende a un solo dígito, el caldo de res se convierte en mucho más que un platillo caliente.
Cuando la temperatura baja y el frío se cuela entre la ropa, el cuerpo pide algo que lo caliente desde adentro.
¿Qué es lo primero que viene a la mente en esos días grises y helados?
Para muchos, la respuesta es inmediata: un plato hondo de caldo de res, humeante y lleno de sabor.
Para quienes trabajan a la intemperie, el antojo no es un capricho. Es una necesidad. Un caldo caliente devuelve el color a las manos, levanta el ánimo y da la fuerza necesaria para continuar la jornada bajo el cielo invernal.
¿Cómo resistirse a un caldo de res bien servido?
POSTA llegó hasta la cocina de la Cafetería La Superior, ubicada frente al tradicional Mercado Juárez, donde desde que se observa el menú, la decisión parece tomada.

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¿Cómo resistirse a un caldo de res bien servido, con verduras suaves y trozos generosos de carne?
Félix Domínguez, encargado de preparar varios platillos, explica que el caldo de res lleva papa, zanahoria, calabaza, chayote, repollo y elote, además de abundantes trozos de carne y el infaltable tuétano, cilantro y yerbabuena.
Ingredientes sencillos que, juntos, cuentan una historia que va más allá de la cocina. Porque el caldo de res no solo alimenta el estómago. También despierta recuerdos.
¿Quién no evoca a su mamá frente a una olla grande, probando el sazón, llamando a la familia para sentarse a la mesa?
El vapor llenando la casa, las tortillas calientes al centro y el silencio breve que se rompía con la primera cucharada.
- Cada plato servía algo más que comida: servía cuidado, compañía y amor. Era el momento de reunirse, de compartir el día y de sentir que, pese al frío, el hogar estaba completo.

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¿Qué otros lugares ofrecen caldo de res en invierno?
Así como la Cafetería La Superior se prepara para recibir a los comensales cuando el termómetro marca un solo dígito, también lo hacen pescaderías, restaurantes y fondas de la ciudad, conscientes de que en invierno se busca ese sabor que reconforta y abraza.
Y si el caldo se prepara en casa, mejor aún. Una olla grande que alcanza para dos o tres días, que se recalienta y vuelve a saber igual de bien.
Un platillo rendidor, económico y profundamente entrañable, que nos recuerda que el caldo de res no solo quita el frío: nos devuelve, cucharada a cucharada, un pedacito de nuestra historia.
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