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El tequila y el mezcal han dominado durante décadas la conversación global sobre destilados mexicanos, pero en el desierto del norte del país crece, la materia prima de una bebida que empieza a reclamar su propio lugar: el sotol.
El sotolno proviene del agave, como el tequila o el mezcal, sino de una especie de la familia Dasylirion, conocida también como sereque o "cuchara del desierto”, en relación a la forma de sus hojas.
Crece de manera silvestre en las zonas áridas del desierto chihuahuense, un ecosistema que resiste temperaturas extremas, desde heladas invernales hasta el calor abrasador del verano.
El sotol se produce de una especie de la familia Dasylirion. Foto: Secretaría de Economía
Su historia se remonta más de 800 años atrás, cuando pueblos originarios de la región, entre ellos los rarámuri, aprovechaban el corazón de la planta como fuente de alimento, además de usarla para fabricar utensilios, canastas y calzado, y con fines medicinales gracias a sus propiedades antibióticas.
Sin embargo, el destilado, tal como se conoce hasta ahora, llegó después varios siglos después, con la técnica que trajeron los españoles en el siglo XVI.
A diferencia de la industria tequilera, que en 2025 produjo un total de 307.57 millones de litros, según el Consejo Regulador del Tequila, la del sotol sigue siendo artesanal en su mayoría.
Según estima, su producción anual es cercana a los 500 mil litros, con Chihuahua concentrando alrededor del 80% del total y Coahuila y Durango repartiéndose el resto. El sector calcula que existen unos 40 productores tradicionales en la región.
El proceso de elaboración ha cambiado poco con el paso de los siglos. Se cortan las plantas maduras, se extrae su cabeza o piña y esta se cuece en hornos rústicos construidos a ras de suelo.
Después viene la molienda, la fermentación y, finalmente, una doble destilación que puede llevar el producto hasta un 45% de contenido alcohólico. Así, como es descrita por expertos, la bebida tiene carácter ahumado y terroso, con notas herbales y minerales.
Antes de convertirse en un producto protegido, el sotol fue perseguido durante buena parte del siglo XX., que se combinó a diversos factores. Por ejemplo, la prohibición de destilados en el estado de Sonora o la Ley Secaen Estados Unidos entre 1920 y 1933.
Tales hechos llevó a que las autoridades confiscaran alambiques y encarcelaran a vinateros en distintas comunidades productoras, más la destrucción de su equipo.
Esa etapa terminó formalmente en 2002, cuando se creó la Denominación de Origen para proteger la producción en los tres estados. Asimismo, en 2005 nació el Consejo Mexicano del Sotol y, más recientemente, en 2017, el Consejo Certificador, instancias encargadas de ordenar y respaldar la actividad de los productores.
El mercado en auge del sotol y una pelea con productores de EU
Hoy el sotol se vende dentro y fuera de México. En el mercado nacional, su mejor recepción ocurre paradójicamente en estados donde ya existe una fuerte cultura de destilados, como Oaxaca, Jalisco y la Ciudad de México.
En Estados Unidos, Texas y California concentran el consumo, mientras Arizona, Nueva York, Colorado e Illinois aparecen como mercados emergentes. Para productores del sector, el sotol atraviesa un momento comparable al que vivió el mezcal hace poco más de una década, cuando su producción se multiplicó de forma sostenida.
Sin embargo, ese crecimiento ha abierto un frente de tensión. El sotol no estaba reconocido como bebida distintiva de México dentro del marco del antiguo TLCAN (antecesor del actual T-MEC), lo que ha permitido que destilerías en Texas comiencen a producir alcohol a partir de la misma planta, aunque evitando usar la palabra "sotol" en sus etiquetas más recientes.
La discusión ha llegado a manifestaciones públicas, comunicados de agrupaciones de productores mexicanos y más una cobertura mediática.
Para los productores mexicanos, la postura es clara: la Denominación de Origen delimita qué puede llamarse sotol y qué no, sin importar si la planta también crece del otro lado de la frontera. Para algunos productores estadounidenses, en cambio, el acceso a la materia prima justifica su producción, aun cuando eviten el nombre protegido en sus etiquetas.