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Es jueves por la noche y en Plaza Oriente, Iztapalapa, empiezan a escucharse los motores. Decenas de autos se alinean, otros exhiben sus luces LED, se vende alcohol y suena música urbana a todo volumen.
Después del punto de reunión, cenan todos juntos y luego arrancan rumbo al sur, a una zona residencial donde se realizan las carreras. Los organizadores cobran 100 pesos por auto, y en cuestión de minutos llegan cientos de vehículos deportivos.
No hay línea de salida ni meta: el primero que le baja a la velocidad pierde.
Aunque los arrancones están prohibidos, las noches capitalinas se llenan del rugido de los motores. Y no solo son carreras: hay música, venta de alcohol y un ambiente de fiesta que dura incluso hasta el amanecer.
Pese a eso y ante la pregunta de qué le diría a las y los vecinos que se quejan, Fozcko es claro:
Podemos ofrecer disculpas, pero nunca vamos a dejar de hacer arrancones. Esto es un estilo de vida. Cada vez el movimiento está más fuerte.
Fozcko -
Los arrancones no son un mundo solo de hombres
En medio de esa cultura de velocidad y riesgo, las mujeres también se hacen presentes. Gemma, de 22 años, forma parte del club High Performance y participa activamente en los eventos.
A mí siempre me han gustado los carros. Desde niña iba con mis papás a eventos y ahora pertenezco al club. Aprendí a manejar a los 14 años
Fozcko -
Rompiendo el estereotipo, asegura que las mujeres tienen cada vez más espacio en los arrancones:
mucha gente piensa que esto es solo para hombres, pero no. En el club somos bastantes mujeres y no hay machismo
Fozcko -
La mayoría de personas que asisten a este tipo de eventos coinciden en que lo que más les llama a participar es la sensación al correr en las calles. Gemma nos comparte que la primera vez que corrió sintió miedo, pero también algo más: “Sí, me dio miedo, pero también adrenalina. Esa sensación me encanta.”
¿Pasión o peligro?
A pesar de las quejas, los operativos y las tragedias, los arrancones ilegales siguen creciendo en la capital.
Gemma admite que entiende las críticas, pero defiende la práctica:
estaría muy padre que hubiera algo legal, porque somos muchas personas a las que nos gusta esto. Les diría a quienes se quejan que no les afectamos, porque todo se hace con precaución
Gemma -
Dice que en su club los organizadores promueven no mezclar el alcohol con el volante: “Nos inculcan manejar con precaución. Los accidentes pasan por gente imprudente.”
La realidad, sin embargo, muestra otra cara porque en estos eventos sí hay venta y consumo de alcohol, algo que eleva los riesgos de correr en plena vía pública.