Yucatán

Los cuerpos, la piel y el deseo: el lado más íntimo de Fernando Castro Pacheco en Mérida

Una colección de grabados de Fernando Castro Pacheco invita a recorrer el universo del amor, la sensualidad y la figura humana en una exposición en Mérida.

¿Por qué el cuerpo humano fue una obsesión artística para Castro Pacheco?. Foto: Irving Gil.
¿Por qué el cuerpo humano fue una obsesión artística para Castro Pacheco?. Foto: Irving Gil.

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Una piel dorada, cuerpos de formas redondeadas, miradas altivas y figuras que parecen guardar historias silenciosas. El amor, el deseo y la sensualidad se convierten en protagonistas de una de las facetas más íntimas del maestro yucateco Fernando Castro Pacheco.

Lejos de reducir el erotismo al contacto físico, la obra del artista propone una mirada más profunda sobre el cuerpo humano, la cercanía y esa conexión que puede surgir incluso en los detalles más sencillos.

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Tocar una tela, sentir la textura de un papel o detenerse ante la belleza de un objeto también puede ser, para Castro Pacheco, una experiencia ligada a la sensualidad.

Ahí, las obras invitan a mirar con calma, detenerse y descubrir el lenguaje que el maestro construyó alrededor de la figura humana, informó Mariana López Lechuga, coordinadora de este recinto.

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¿Por qué el cuerpo humano fue una obsesión artística para Castro Pacheco?

La figura humana ocupa un lugar central dentro de la obra de Fernando Castro Pacheco y refleja su interés por estudiar, observar y reflexionar sobre el cuerpo.

En particular, sus desnudos femeninos muestran una visión profundamente ligada al sureste y se distinguen por:

  • Mujeres de formas redondeadas.
  • Perfiles altivos.
  • Pieles doradas que aparecen casi idealizadas.
  • Figuras que transmiten fertilidad, fuerza y amor.
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Más que retratar simplemente un cuerpo, Castro Pacheco parece construir personajes que habitan un universo propio: mujeres que llenan el espacio con su presencia y que, aun desde el silencio de una imagen, parecen establecer una conversación con quien las observa.

En cada curva, en cada postura y en cada gesto aparece una mirada artística que encuentra belleza en el cuerpo humano, sin necesidad de convertirlo en un simple objeto.

¿De qué hablan los grabados sobre el amor y el erotismo?

El amor erótico es el tema que atraviesa esta serie de grabados, aunque el contacto sexual, en sí mismo, queda en segundo plano.

La propuesta gira alrededor de la entrega recíproca entre dos personas, de esa integración emocional y humana que puede surgir entre los amantes y que, desde la visión planteada en estas obras, conduce a una experiencia de plenitud.

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El erotismo aparece entonces como algo mucho más amplio y puede encontrarse en:

  • La cercanía entre dos personas.
  • El tacto.
  • La contemplación.
  • La capacidad de percibir la belleza.

En alguna ocasión, el propio Fernando Castro Pacheco reflexionó sobre la sensualidad desde lo cotidiano y consideró que podía comenzar con algo tan elemental como tocar y sentir la calidad de una tela, un papel o cualquier objeto hermoso.

Para el artista, la piel también formaba parte de esa experienciaSu idea de Eros no se limitaba a una escena íntima, sino que se extendía a la manera en que los seres humanos se relacionan con el mundo que los rodea.

¿Dónde se puede descubrir el lado más sensual de Fernando Castro Pacheco?

La colección se exhibe en el Centro Cultural Fernando Castro Pacheco, en Paseo de Montejo, donde el visitante puede acercarse a una faceta distinta de uno de los artistas más importantes de Yucatán.

Es una oportunidad para mirar su obra desde otro ángulo y descubrir que, detrás de los trazos y las figuras, no solamente existe una exploración estética, sino también una reflexión sobre:

  • El amor.
  • La piel.
  • El deseo.
  • La experiencia humana.
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Porque, en el universo de Castro Pacheco, el erotismo puede comenzar con una caricia, con una textura o simplemente con la contemplación de algo bello.

Y entre cuerpos, curvas y miradas que parecen escapar del papel, la exposición propone precisamente eso: detenerse, observar y dejar que la obra hable por sí misma.

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