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Durante más de una década, su trabajo consistió en provocar sonrisas, arrancar carcajadas y llevar alegría a las familias. Hoy, su escenario es diferente: los pasillos de un panteón, donde una escoba y un azadón se han convertido en sus principales herramientas para ganarse la vida.
Se trata de Manuel de la Rosa, conocido por muchas personas como Canelita, un hombre que durante 13 años se dedicó a trabajar como payaso y que actualmente encuentra en la limpieza de tumbas una forma de obtener ingresos en Ciudad Victoria.
Cada mañana, alrededor de las 8:00 horas, Manuel llega al panteón del Cero Morelos. Recorre sus instalaciones buscando a familias que necesiten dar mantenimiento a las sepulturas de sus seres queridos. Su trabajo consiste en retirar la maleza, barrer, limpiar lápidas y mantener en mejores condiciones los espacios donde descansan los difuntos.
A cambio, recibe lo que las personas pueden pagarle. No tiene un salario fijo, prestaciones ni garantía de conseguir trabajo todos los días. En una jornada favorable puede reunir hasta 200 pesos, pero también existen ocasiones en las que permanece varias horas ofreciendo sus servicios y termina retirándose alrededor de la 1:00 de la tarde sin haber conseguido un solo encargo.
Detrás de esta actividad cotidiana existe una historia marcada por la tradición familiar, el trabajo artístico, los problemas de salud y las dificultades económicas.
¿Quién es Canelita y cómo comenzó su historia como payaso en Ciudad Victoria?
Canelita y su comienzo| FOTO: El 5
El nombre de Canelita no surgió por casualidad. Manuel heredó este sobrenombre de su padre, quien también se dedicaba al oficio de payaso. Desde los 17 años comenzó a formar parte de este mundo, siguiendo una tradición familiar que le permitió conocer el trabajo artístico y el entretenimiento infantil.
De acuerdo con su propio recuerdo, fue su padre quien recibió una sugerencia del reconocido payaso mexicanoCepillínpara formar un grupo e integrar a uno de sus hijos a las actividades artísticas. La idea terminó convirtiéndose en un proyecto familiar que llegó a reunir a siete payasos.
Un grupo de payasos que ensayaba en la colonia México. Durante aquellos años, el grupo realizaba sus ensayos en la colonia México, en Ciudad Victoria. Entre preparativos, rutinas y presentaciones, los integrantes construyeron una actividad que tenía como objetivo llevar entretenimiento a las familias.
Para Manuel, ser payaso representaba mucho más que utilizar maquillaje, vestuario colorido y una nariz roja. Era una forma de vida que comenzó durante su juventud y que mantuvo durante 13 años. Su sobrenombre quedó asociado a aquella etapa, al grado de que todavía hay personas que lo reconocen como Canelita cuando lo encuentran en las instalaciones del panteón.
La historia también refleja la importancia que tuvieron los grupos locales de payasos en el entretenimiento popular de generaciones anteriores, cuando las presentaciones en eventos familiares, fiestas infantiles y reuniones comunitarias eran una alternativa habitual de diversión.
¿Por qué Canelita dejó de ser payaso y comenzó a limpiar tumbas?
Hace aproximadamente seis o siete años, Manuel cambió las actividades relacionadas con el entretenimiento por un trabajo completamente distinto. Las presentaciones artísticas quedaron atrás y comenzó a buscar oportunidades para obtener ingresos mediante la limpieza de sepulturas en el panteón del Cero Morelos.
No se trata de un empleo con contratación formal ni de una actividad que le garantice dinero diariamente. Su jornada depende de encontrar personas que necesiten limpiar las tumbas de sus familiares y estén dispuestas a pagar por el servicio.
Un trabajo sin ingresos garantizados. La actividad de Manuel forma parte de los servicios informales que pueden encontrarse en los alrededores y dentro de algunos cementerios. Hay familias que, por falta de tiempo, distancia o dificultades para acudir constantemente a los panteones, solicitan ayuda para mantener limpias las sepulturas.
En ese contexto, personas como Canelita ofrecen su trabajo de manera directa. Sin embargo, la cantidad que consigue reunir depende completamente de la demanda y de la voluntad de pago de quienes contratan sus servicios. En sus mejores jornadas puede obtener alrededor de 200 pesos, mientras que otros días no consigue ningún encargo.
Esta incertidumbre representa uno de los principales desafíos de su situación económica, pues no tiene un ingreso constante que le permita organizar sus gastos y atender otras necesidades.
Las convulsiones y el medicamento que necesita diariamente: otra dificultad en la vida de Manuel
A las dificultades económicas se suma una condición de salud que Manuel enfrenta desde que era niño. A sus 42 años, vive con episodios de convulsiones y necesita tomar medicamentos diariamente para atender su condición. La situación se complica cuando no consigue los recursos suficientes para adquirir el tratamiento.
Esto significa que, además de buscar trabajo todos los días, debe procurar reunir dinero para cubrir una necesidad relacionada directamente con su salud. Las enfermedades que requieren tratamientos continuos pueden representar una carga económica importante para las personas que dependen de ingresos variables.
En el caso de Manuel, la falta de un salario fijo hace todavía más difícil garantizar que pueda conseguir sus medicamentos de manera constante.
¿Qué son las convulsiones y por qué requieren atención médica?
Las convulsiones son episodios ocasionados por una actividad eléctrica anormal en el cerebro. Pueden manifestarse mediante movimientos involuntarios, alteraciones de la conciencia, rigidez muscular o diferentes cambios en el comportamiento y la percepción. Aunque algunas convulsiones pueden presentarse de manera aislada, otras están relacionadas con enfermedades neurológicas como la epilepsia.
El tratamiento depende de la causa, las características de los episodios y la valoración médica de cada paciente. En determinados casos se utilizan medicamentos anticonvulsivos para reducir la frecuencia de las crisis y mantenerlas bajo control. Por ello, la continuidad del tratamiento y el seguimiento médico son importantes. La historia de Manuel pone sobre la mesa las dificultades que pueden enfrentar las personas con padecimientos crónicos cuando sus ingresos no son suficientes para cubrir sus necesidades de salud.
De las fiestas infantiles al panteón del Cero Morelos: el contraste de una historia que conmueve a Victoria
La vida de Canelita representa un cambio profundo entre dos etapas. Durante 13 años, su trabajo estuvo relacionado con la alegría, los espectáculos y el entretenimiento de las familias. Ahora, sus jornadas transcurren entre lápidas, herramientas de limpieza y la búsqueda de personas que necesiten sus servicios.
El contraste resulta significativo porque muchas de las personas que hoy lo encuentran trabajando en el cementerio todavía lo recuerdan por su antigua actividad artística. Su historia también permite reconocer a quienes, después de abandonar un oficio, deben encontrar nuevas maneras de mantenerse económicamente activos.
En su caso, la experiencia como payaso forma parte de una memoria compartida por quienes conocieron al grupo que integraba junto con otros seis artistas. El trabajo informal y las dificultades para conseguir ingresos. La situación de Manuel también refleja una realidad que enfrentan muchas personas que trabajan por cuenta propia: la ausencia de ingresos garantizados.
En actividades informales, la remuneración suele depender de la cantidad de clientes, la demanda de servicios y las condiciones económicas de quienes los contratan. Esto puede dificultar el acceso a prestaciones laborales, ahorro, seguridad social y estabilidad financiera. Cuando además existen necesidades médicas permanentes, la incertidumbre económica puede tener consecuencias importantes en la calidad de vida.
¿Por qué la historia de Canelita importa a las familias de Ciudad Victoria?
Más allá de la historia individual de Manuel, su caso permite reflexionar sobre la situación de quienes sobreviven mediante pequeños trabajos y servicios independientes en Ciudad Victoria. Su presencia en el panteón del Cero Morelos también recuerda que detrás de cada actividad cotidiana existen personas con historias, responsabilidades y necesidades que muchas veces pasan inadvertidas.
Para las familias que visitan el cementerio, contratar sus servicios representa una manera de recibir ayuda para conservar las sepulturas de sus seres queridos. Para Manuel, cada encargo significa la posibilidad de conseguir dinero para sus gastos diarios y continuar buscando los recursos que necesita. Su historia adquiere especial significado durante las celebraciones del Día de Muertos, cuando miles de personas visitan los cementerios para recordar a sus familiares y mantener en condiciones adecuadas sus espacios de descanso.
Y cuando termina la jornada, independientemente de cuánto haya conseguido reunir, sabe que al día siguiente tendrá que regresar. A las 8:00 de la mañana, nuevamente con su escoba y su azadón. Porque el payaso que durante años hizo reír a Ciudad Victoria hoy enfrenta una realidad distinta: encontrar cada día una oportunidad para salir adelante.