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Tamaulipas

Esta es la histórica y silenciosa revolución de las mujeres en el campo de Tamaulipas

Desde las pizcadoras de algodón en Río Bravo hasta las ingenieras citrícolas de la zona centro y las ixtleras del Altiplano, las mujeres han sido el pilar de la supervivencia y la riqueza agrícola en Tamaulipas.

Mujeres rurales en Tamaulipas, un ejemplo de fuerza y trabajo | FOTO: Gobierno de México
Mujeres rurales en Tamaulipas, un ejemplo de fuerza y trabajo | FOTO: Gobierno de México

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La historia del desarrollo rural en Tamaulipas guarda una deuda histórica y monumental con sus mujeres. Durante generaciones, la narrativa oficial del campo centró sus relatos en las figuras masculinas, los grandes repartos ejidales y los liderazgos en las asambleas agrarias, relegando el esfuerzo femenino al concepto de la "ayuda doméstica e invisible".

Sin embargo, la realidad de las parcelas, los ranchos y las cooperativas cuenta una versión radicalmente distinta: las mujeres rurales no solo han sido el núcleo de la resiliencia familiar, sino las verdaderas motoras de la economía, la organización comunitaria y la preservación del territorio tamaulipeco ante las adversidades del clima y la economía.


¿Cuál ha sido el papel de la mujer en el campo de Tamaulipas?

A mediados del siglo XX, tras la consolidación del reparto agrario, las mujeres de la entidad comenzaron a abrirse paso a contracorriente en espacios diseñados exclusivamente por y para hombres.

En la década de los 70, con las reformas a la Ley Agraria, se gestó una revolución silenciosa en las comunidades rurales con el nacimiento de las Unidades Agrícolas Industriales para la Mujer (UAIM).

Ejidos de municipios como San Fernando, Altamira y El Mante presenciaron cómo decenas de mujeres se organizaron en cooperativas para sembrar parcelas colectivas, criar ganado y fundar las primeras industrias rurales, como lo fueron los molinos de nixtamal, talleres de costura y pequeñas empacadoras, inyectando capital fresco a la economía comunitaria y peleando, por primera vez, el derecho a tener voz y voto en las asambleas ejidales.

En la historia contemporánea de este activismo rural, el nombre de Guadalupe Martínez Cruz destaca con luz propia en el norte del estado. Como una de las fundadoras y principales dirigentes de la Central Campesina Cardenista (CCC), su liderazgo se convirtió en un escudo para cientos de familias.

Martínez Cruz centró su incansable lucha en la regularización de tierras ejidales, la gestión de subsidios críticos para los pequeños productores de sorgo y maíz en la región de San Fernando y el Valle de San Germán y, sobre todo, en defender que las mujeres rurales fueran titulares de sus parcelas, entendiendo que la certeza jurídica es el primer paso hacia la emancipación económica.

Mujer rural entre las milpas cosechando maíz| FOTO: Gobierno de México

Mujer rural entre las milpas cosechando maíz| FOTO: Gobierno de México

 

¿Cómo ha impactado la mujer en el campo de la región centro y Altiplano?

La geografía tamaulipeca es tan diversa como los liderazgos de sus mujeres. En las zonas semidesérticas del altiplano tamaulipeco, que abarca municipios como Bustamante, Miquihuana, Palmillas y Tula, la supervivencia del campo ha dependido históricamente de las manos femeninas.

Ante los históricos y marcados flujos de migración masculina hacia la frontera o los Estados Unidos en busca de empleo, las mujeres asumieron con valentía la jefatura de la producción rural.

Por generaciones, se han destacado en la extenuante recolección y tallado del ixtle (fibra de lechuguilla) y la choya. Hoy, lejos de quedarse en el autoconsumo, las cooperativas de mujeres del Altiplano lideran proyectos de vanguardia en el aprovechamiento sustentable del orégano silvestre, la producción de mezcal artesanal de alta calidad y la medicina tradicional.

Por otro lado, en el corazón citrícola y ganadero del estado, en municipios como Padilla, Guémez e Hidalgo, el relevo generacional ha roto los techos de cristal de la agroindustria.

Actualmente, es común encontrar a ingenieras agrónomas y empresarias rurales tamaulipecas al frente de grandes huertas de naranja y limón, coordinando complejos procesos de exportación y sistemas de tecnificación de riego.

En el sector pecuario, la participación de la mujer ha crecido de forma exponencial; existen ganaderas tamaulipecas liderando asociaciones locales y coordinando ranchos de registro especializados en la mejora genética de razas de alto valor como el Cebú y el Brangus, demostrando que la eficiencia técnica no tiene género.

Mujer agricultora | FOTO: Gobierno de México

Mujer agricultora | FOTO: Gobierno de México

 

¿Pasado y presente de la mujer rural en Tamaulipas?

Para entender el presente, es indispensable rescatar los capítulos de orgullo histórico que marcaron el subsuelo estatal.

Durante la época de oro del "boom algodonero" en la rica región de Río Bravo y Matamoros, precisamente en las tierras que circundaban la histórica Ex Hacienda La Sauteña, miles de mujeres llamadas "pizcadoras" se convirtieron en el motor humano de la economía regional.

Soportando jornadas extenuantes bajo el implacable sol del noreste, su organización gremial y su mano de obra milimétrica para recolectar la fibra blanca fueron las que permitieron que Tamaulipas se encumbrara como el principal productor de algodón a nivel nacional. Ellas fueron las verdaderas "Adelitas de la Agricultura".

La mujer en el campo de Tamaulipas transitó de ser la "fuerza de trabajo invisible" a ocupar puestos como ingenieras, presidentas de comisariados ejidales, empresarias globales y guardianas de la soberanía alimentaria y el territorio.

Sembrando entre las parcelas | FOTO: Gobierno de México

Sembrando entre las parcelas | FOTO: Gobierno de México

 

¿Cuál es la importancia de visibilizar a la mujer rural?

Este debate sobre la justicia de género en el campo ha cobrado una relevancia metodológica tras la reciente presentación del libro “El acceso a la Tierra de las Mujeres en México”.

Esta obra, que ha congregado el análisis de especialistas de los Tribunales Agrarios, la Procuraduría Agraria, el Registro Agrario Nacional y dependencias como la Secretaría de Agricultura y la Secretaría de las Mujeres, expone de forma cruda las barreras estructurales que persisten a nivel nacional en la propiedad de la tierra.

En el caso de Tamaulipas, este marco analítico sirve para voltear la mirada hacia el pasado y el presente, reconociendo la huella profunda de movimientos y perfiles clave que transformaron el mapa agrario del estado.

A pesar del innegable éxito y el empuje de las productoras en los 43 municipios, las estadísticas agrarias aún muestran rezagos en el porcentaje de mujeres que poseen títulos de propiedad definitivos en comparación con los varones, lo que limita su acceso a créditos bancarios y apoyos federales directos.

Reconocer la historia de las pioneras de las UAIM, el legado de Guadalupe Martínez o el sudor de las ixtleras no debe ser un ejercicio puramente de nostalgia, sino una agenda pública activa.

Parcelas de algodón | FOTO: Gobierno de México

Parcelas de algodón | FOTO: Gobierno de México

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