Tamaulipas

Con más de 100 años de tradición, este es el origen del pemol, el postre que da identidad a Tamaulipas

Elaborado a base de maíz y horneado de forma artesanal, el pemol es uno de los sabores más representativos de la Huasteca y una herencia culinaria que ha pasado de generación en generación.

Con su inconfundible sabor a maíz y su historia ligada a las raíces huastecas, el pemol sigue siendo uno de los postres que mejor representan la identidad gastronómica de Tamaulipas. Foto / Redes
Con su inconfundible sabor a maíz y su historia ligada a las raíces huastecas, el pemol sigue siendo uno de los postres que mejor representan la identidad gastronómica de Tamaulipas. Foto / Redes

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Hablar de la gastronomía tamaulipeca es también hablar del pemol, un panecillo en forma de rosquilla que durante más de un siglo ha acompañado los desayunos y las tardes de café en hogares de la entidad. Aunque su receta ha evolucionado con el tiempo, especialistas y cronistas coinciden en que su origen se remonta a las antiguas culturas huastecas, donde el maíz era la base de la alimentación y de buena parte de sus tradiciones culinarias.


El pemol forma parte de la identidad gastronómica de municipios del centro y sur de Tamaulipas, como Ciudad Victoria, Jaumave, Tula, Llera, El Mante, Ocampo, San Carlos y Padilla, donde aún es elaborado de manera artesanal en panaderías familiares y hornos de leña, preservando técnicas heredadas por varias generaciones.

Hablar de la gastronomía tamaulipeca es también hablar del pemol. Foto / Redes

Hablar de la gastronomía tamaulipeca es también hablar del pemol. Foto / Redes

¿Cuál es el origen del pemol?

Aunque no existe un documento que precise la fecha exacta de su creación, investigadores de la gastronomía regional señalan que el pemol es un alimento de origen prehispánico, estrechamente relacionado con la cultura huasteca y con otros alimentos ancestrales elaborados a base de maíz, como el zacahuil.

Con el paso del tiempo, la receta fue adaptándose tras la llegada de ingredientes introducidos durante la época colonial, como la manteca, el azúcar y la canela.


Su permanencia durante más de cien años se debe, en gran medida, a las familias panaderas que han conservado la receta tradicional y la han transmitido de padres a hijos, convirtiéndolo en uno de los productos más emblemáticos de la panadería popular tamaulipeca.

Hablar de la gastronomía tamaulipeca es también hablar del pemol. Foto / Redes

Hablar de la gastronomía tamaulipeca es también hablar del pemol. Foto / Redes

¿Cómo se prepara?

La receta tradicional utiliza harina de maíz, manteca, azúcar, agua y, en algunas versiones, canela, huevo o un toque de café soluble, ingrediente que se ha vuelto característico en algunas regiones de Tamaulipas. La masa se moldea en forma de aro o rosquilla y posteriormente se hornea hasta obtener una textura firme y ligeramente crujiente.


Originalmente, muchas familias preparaban el pemol utilizando masa de maíz nixtamalizado que se dejaba secar al sol antes de molerla, un proceso artesanal que hoy en día solo conservan algunos productores tradicionales.

Hablar de la gastronomía tamaulipeca es también hablar del pemol. Foto / Redes

Hablar de la gastronomía tamaulipeca es también hablar del pemol. Foto / Redes

Un símbolo de la Huasteca tamaulipeca

Más que un pan dulce, el pemol representa una expresión de la cultura huasteca. Es común encontrarlo en mercados, panaderías, ferias gastronómicas, encuentros de huapango y festividades tradicionales, donde continúa siendo uno de los productos más buscados tanto por habitantes como por visitantes. Además, para numerosas familias de Tamaulipas, su elaboración constituye una importante fuente de ingresos y una forma de preservar el patrimonio culinario de la región.


Con su inconfundible sabor a maíz y su historia ligada a las raíces huastecas, el pemol sigue siendo uno de los postres que mejor representan la identidad gastronómica de Tamaulipas, demostrando que las recetas más sencillas también pueden convertirse en verdaderos símbolos culturales.

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