Muere Yayoi Kusama a los 97 años, la artista que convirtió sus obsesiones en un universo de lunares
Yayoi Kusama murió a los 97 años en Tokio; su obra, marcada por lunares, calabazas y espacios infinitos, la convirtió en una de las artistas más reconocidas del mundo.
Muere Yayoi Kusama a los 97 años, la artista que convirtió sus obsesiones en un universo de lunares. Foto: Instagram - Yayoi Kusama.
Resumen y análisis automáticos realizados con Inteligencia Artificial
Tiempo de lectura:
—
¿Fue útil este resumen?
Este resumen y su análisis fueron generados con apoyo de Inteligencia
Artificial.
Aunque buscamos ofrecer claridad y precisión, pueden existir errores, omisiones
o
interpretaciones inexactas. Úsalo como guía rápida y consulta
la
nota completa para obtener el contexto completo.
Desarrollado por SACS
IA
La mujer que llenó el arte de lunares, espejos y calabazas convirtió aquello que alguna vez fue visto como una obsesión en uno de los lenguajes visuales más reconocibles del mundo, Yayoi Kusama, artista japonesa de vanguardia y novelista, murió a los 97años en Tokio, dejando detrás una trayectoria que atravesó la pintura, la escultura, las instalaciones, el performance, la literatura y hasta la moda.
El Museo Yayoi Kusama informó que la artista falleció el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio; la institución destacó que Kusama continuó pintando hasta sus últimos días y que mantuvo hasta el final su convicción de que el amor podía cambiar al mundo.
View this post on Instagram
A post shared by CNN (@cnn)
Su muerte pone fin a una de las carreras más singulares del arte contemporáneo, pero también deja una obra que parece diseñada para seguir multiplicándose, puntos que se repiten hasta el infinito, espejos que desdibujan los límites del espacio y calabazas que se transformaron en algunos de los símbolos más famosos de su producción.
Yayoi Kusama nació en 1929 en Matsumoto, Japón, y desde pequeña comenzó a experimentar visiones y alucinaciones. De acuerdo con su biografía oficial, aquellas experiencias influyeron directamente en sus primeros dibujos, donde comenzaron a aparecer patrones de redes y puntos que con el tiempo se convertirían en elementos centrales de su obra.
Foto: Instagram | Yayoi Kusama.
Después de estudiar brevemente pintura tradicional japonesa, Kusama decidió abandonar Japón y en 1957 se trasladó a Estados Unidos, donde un año después comenzó a exhibir en Nueva York las pinturas y esculturas que terminarían colocándola dentro de la escena artística de vanguardia.
La ciudad representó para ella un cambio radical, en medio de dificultades económicas, comenzó a desarrollar sus famosas pinturas de redes infinitas y a experimentar con esculturas blandas, instalaciones, espejos y luces; durante los años 60 también participó en happenings y performances, mientras mantenía contacto con figuras importantes de la escena neoyorquina.
Aunque hoy resulta casi imposible pensar en Kusama sin imaginar una superficie cubierta de puntos, detrás de ellos había una búsqueda mucho más profunda.
La repetición fue una de las herramientas fundamentales de la artista. Un mismo elemento podía multiplicarse hasta cubrir una pintura, una escultura o una habitación completa, provocando en el espectador la sensación de perder los límites entre su propio cuerpo y el espacio.
Kusama llamó a esta idea “autoaniquilación” o “self-obliteration”, una filosofía artística basada en la repetición y multiplicación obsesiva de motivos; su museo explica que este concepto atravesó buena parte de su producción y se convirtió en una de las claves para entender su universo creativo.
Así aparecieron sus redes, sus lunares y, posteriormente, sus instalaciones inmersivas, en las que el visitante podía literalmente entrar en una obra.
Las habitaciones que hicieron del infinito una experiencia
Uno de los mayores legados de Kusama son las Infinity Mirror Rooms, instalaciones en las que los espejos multiplican luces, objetos y reflejos hasta crear la ilusión de encontrarse dentro de un espacio interminable.
View this post on Instagram
A post shared by The Broad (@thebroadmuseum)
La primera de estas experiencias apareció en 1965 con Infinity Mirror Room—Phalli’s Field. A partir de entonces, Kusama desarrolló más de una veintena de habitaciones de espejos diferentes a lo largo de su carrera.
Estas obras terminaron convirtiéndose en uno de los fenómenos más populares del arte contemporáneo. La experiencia de entrar en una de sus habitaciones y verse rodeado por infinitos reflejos hizo que su trabajo llegara a públicos mucho más amplios y se convirtiera también en un fenómeno cultural.
¿Por qué las calabazas son tan importantes para Kusama?
Las calabazas amarillas cubiertas de lunares también forman parte inseparable de su identidad artística; el interés de Kusama por esta figura comenzó mucho antes de que sus enormes esculturas se convirtieran en piezas reconocibles en todo el mundo.
Durante su infancia, la artista tuvo contacto con las calabazas debido al entorno familiar relacionado con el cultivo y venta de semillas.
Con el paso de los años, la calabaza apareció en pinturas, esculturas e instalaciones. Una de sus obras más conocidas es Infinity Mirrored Room—All the Eternal Love I Have for the Pumpkins, donde las calabazas iluminadas se multiplican mediante espejos y crean nuevamente la sensación de infinito.
View this post on Instagram
A post shared by (@aplasticplant)
De la vanguardia neoyorquina a un fenómeno mundial
Kusama regresó a Japón en 1973 y continuó desarrollando su obra desde Tokio, su producción se expandió hacia la literatura, la poesía, las esculturas monumentales y las instalaciones de gran formato.
Con el tiempo, su reconocimiento internacional creció hasta convertirla en una de las artistas japonesas más importantes del arte contemporáneo. Sus exposiciones llegaron a instituciones como Tate Modern, el Centre Pompidou y M+, mientras que en 2016 recibió la Orden de la Cultura de Japón.
Su estética también salió de los museos y llegó a la cultura popular, pues una de las colaboraciones más conocidas fue la realizada con Louis Vuitton, que llevó sus característicos lunares a ropa, zapatos, bolsos y accesorios.
Yayoi Kusama siguió creando hasta el final
La historia de Kusama estuvo marcada por sus experiencias psicológicas y por una vida dedicada casi por completo a la creación artística, desde la década de 1970 vivió voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio y trabajaba diariamente en un estudio cercano.
Lejos de significar el final de su carrera, esa etapa coincidió con una producción artística que continuó durante décadas, entre 2009 y 2021 realizó alrededor de 900 obras para su serie My Eternal Soul, y en 2021 comenzó una nueva serie titulada Every Day I Pray for Love.
Yayoi Kusama murió a los 97 años, pero su obra deja una paradoja muy acorde con su propia visión artística, sobre una artista fascinada con el infinito que construyó un universo que difícilmente termina con ella.