Halloween 2026: ¿Por qué antes fotografiaban a los muertos? La extraña tradición que hoy causa escalofríos
Mucho antes de que tomar una fotografía fuera algo cotidiano, algunas familias buscaban conservar un último recuerdo de sus seres queridos después de su muerte.
¿Por qué antes fotografiaban a los muertos? La extraña tradición que hoy causa escalofríos. Foto: Redes Sociales.
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Las fotografías post mortem son una de esas costumbres del pasado que pueden resultar difíciles de entender desde la mirada actual. En una época en la que tener una fotografía familiar no era tan sencillo como sacar el celular, una imagen podía convertirse en uno de los pocos recuerdos visuales que una familia conservaría de una persona.
Durante el siglo XIX, esta práctica llegó a formar parte de las maneras en que algunas familias enfrentaban el duelo. Los retratos podían mostrar a la persona fallecida sola, acompañada por sus familiares o rodeada de objetos cotidianos, pero la intención no era necesariamente crear una imagen terrorífica.
De hecho, detrás de estas fotografías había una razón mucho más relacionada con la memoria que con lo macabro. Para algunas familias, especialmente cuando se trataba de niños que habían muerto antes de ser fotografiados, aquella podía ser la única oportunidad de conservar una imagen de ellos.
¿Por qué antes fotografiaban a los muertos?
La llamada fotografía post mortem se desarrolló durante el siglo XIX, cuando los retratos todavía eran costosos y no formaban parte de la vida cotidiana. En ese escenario, la muerte podía ser precisamente la primera y única oportunidad que una familia tenía para obtener una imagen de uno de sus integrantes.
La práctica adquirió especial importancia en el caso de los niños. La mortalidad infantil era elevada y muchos pequeños fallecían antes de que sus padres pudieran tener un retrato suyo. Una fotografía tomada después de su muerte podía convertirse entonces en el único registro visual que conservaría la familia.
Por eso, estas imágenes no necesariamente buscaban representar la muerte de una manera lúgubre. El objetivo era conservar la memoria de la persona y tener un recuerdo físico que pudiera permanecer en casa junto con otras fotografías y objetos familiares.
También era común que el retrato incluyera elementos destinados a hacer que la imagen se sintiera como una representación digna del ser querido: ropa cuidadosamente elegida, flores, muebles y, en algunos casos, familiares que aparecían junto a la persona fallecida.
¿Por qué estas fotos no eran consideradas macabras?
Lo que hoy puede parecernos una fotografía inquietante no tenía necesariamente ese significado para quienes la encargaban. La manera de entender el duelo y la muerte era diferente, y conservar objetos relacionados con una persona fallecida formaba parte de las formas en que algunas familias enfrentaban su pérdida.
Además, la fotografía tenía un valor completamente distinto al actual. No existían miles de imágenes almacenadas en un teléfono ni álbumes digitales en los que una persona pudiera reunir fotografías tomadas durante toda su vida. Un retrato podía ser un objeto excepcional y, en algunos casos, el único recuerdo visual de alguien.
Por eso, una fotografía post mortem podía convertirse en una especie de último retrato familiar. Algunas mostraban a la persona fallecida de manera individual, mientras que otras la colocaban junto a sus familiares o rodeada de objetos que ayudaban a construir una imagen más cercana a la que la familia quería conservar.
La diferencia está, en buena medida, en cómo interpretamos esas imágenes desde el presente. Mientras hoy la idea de fotografiar a una persona muerta puede resultar perturbadora, para quienes vivieron aquella época podía ser una manera de mantener físicamente presente el recuerdo de alguien que acababa de desaparecer.
Foto: El Confidencial.
¿Cuándo dejaron de fotografiar a los muertos?
La tradición fue perdiendo fuerza conforme la fotografía se volvió más accesible y las familias comenzaron a tener muchas más oportunidades de retratar a sus seres queridos durante su vida. El desarrollo de cámaras más sencillas y económicas hizo que tomar fotografías dejara de ser un acontecimiento excepcional.
Con el paso del tiempo, también cambiaron las formas de representar el duelo y de relacionarse con la muerte. Las fotografías comenzaron a asociarse cada vez más con momentos cotidianos, celebraciones y recuerdos de personas vivas, mientras que los retratos post mortem fueron quedando atrás.
Eso explica por qué las imágenes que sobreviven de aquella época pueden parecernos tan extrañas cuando las encontramos actualmente. No necesariamente muestran una fascinación por lo macabro, sino una manera de recordar a los muertos que pertenece a otro momento de la historia.
Hoy, en pleno Halloween 2026, estas fotografías pueden parecer sacadas de una película de terror, pero su historia cuenta algo mucho más humano: el deseo de conservar la imagen de alguien que ya no podía ser fotografiado de nuevo.