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Soltemos el autocuidado

Desde hace algunos años, hemos repetido eso de que el amor propio (autocuidado) es la base de todo. Y el resultado es una sociedad obsesionada con el yo: mi bienestar, mi proceso, mi sanación.


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Hola, ¿qué tal?, yo soy Carolina Hernández y este es Sin Esdrújulas, tu micro mini pódcast en el que escribo cosas que luego leo y luego tú me ves leer porque somos colectividad tú y yo.

Te cuento.

Desde hace algunos años, hemos repetido eso de que el amor propio es la base de todo. Que necesitamos ponernos primero, cuidarnos, escucharnos, priorizarnos.

Y sí: fue necesario decirlo, sobre todo a quienes crecimos aprendiendo a borrarnos para sostener todo lo demás.

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Del FOMO al JOMO

El problema es que ese discurso, legítimo en su origen, se volvió dogma en un mundo que ya de por sí se venía inclinado al individualismo. El “ámate a ti misma” terminó muchas veces traducido en “sálvate sola”.

Y el resultado es una sociedad obsesionada con el yo: mi bienestar, mis límites, mi proceso, mi sanación. Lenguajes terapéuticos convertidos en coartadas para desentenderse de lo común.

Como si cuidarnos fuera incompatible con cuidar. Como si la colectividad fuera una amenaza y no una posibilidad. Y difiero. Porque nadie se sostiene sola. No históricamente, no materialmente, no emocionalmente.

Los derechos no nacieron del amor propio, nacieron de la organización. La jornada laboral de ocho horas, el voto femenino, las vacunas, la educación pública, los sistemas de cuidados: todo eso es el resultado de acciones colectivas, de personas que entendieron que su bienestar estaba atado al de otras.

Que la salida no era individual. El individualismo vende una fantasía cómoda: si trabajas lo suficiente en ti, todo se resuelve. Si no te va bien, algo hiciste mal tú. Esa lógica no solo es falsa, es cruel.

Invisibiliza las estructuras, borra las desigualdades y convierte los problemas sociales en fracasos personales. Frente a eso, la colectividad incómoda porque exige responsabilidad mutua.

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El modo parche

Obliga a mirar más allá del espejo. Reivindicar lo colectivo no significa anular la individualidad. Significa entender que el yo se fortalece en él nosotros. Que mis derechos existen porque alguien más peleó antes por mí, aunque no me topara.

Que mi seguridad depende de redes, no de mantras. Que el cuidado no es solo autocuidado: es cuidado compartido. En tiempos de crisis el individualismo no alcanza.

Y bebé, estamos en tiempos de crisis. No hay plan personal que resista un sistema rotoEntonces, quizá y solo quizá, el siguiente paso no sea querernos menos, sino querernos mejor. Entender que amarnos también implica mirar alrededor.

Pasar del “yo primero” al “nadie se queda atrás”. Porque si algo demuestra la historia es que solas podemos sobrevivir un rato; pero juntas, podemos cambiarlo todo.

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