Sofía Otero: “¡Fuera los judíos!”, la polémica marcha en Polanco que reavivó el debate sobre antisemitismo
Una protesta propalestina en Polanco generó críticas por consignas contra la comunidad judía y abrió un debate sobre antisemitismo, antisionismo y discriminación en México.
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El 11 de septiembre, en vísperas del Año Nuevo Judío (Rosh Hashaná), en Polanco —zona con conocida presencia de familias judías ortodoxas— y frente a una sinagoga, una decena de personas que supuestamente marchaban por la liberación palestina, gritaron: «¡Fuera los judíos!»
Creo que es obvio, pero lo reitero: las y los mexicanos judíos son tan mexicanos como cualquier otro. Negar que la migración, la mezcla de culturas, enriquece a nuestra nación, es negar la mexicanidad misma.
Elementos que hoy tachamos de «mexicanísimos», vinieron de personas que se salían de la concepción habitual que tenemos del mexicano. La lista es larga: los cacahuates japoneses —que en Japón se llaman cacahuates mexicanos— fueron creados por Yoshigei Nakatani, un inmigrante; el queso Chihuahua en los tacos y burritos norteños, proviene de las comunidades menonitas originarias de Canadá y Rusia; la comida china de Mexicali; y la repostería ashkenazi tan característica de la Ciudad de México.
La multiculturalidad no es una debilidad, y creería que ya estaríamos en el punto en que eso no sería debatible. Lamentablemente, hechos como los ocurridos en Polanco, nos recuerdan que no es así.
Hay una doble vara con que se mide al mexicano judío, que considero es pertinente señalar. Si un mexicano se dice panista y arroja ideas reprobables y extremistas contra la comunidad LGBTQ+, los grupos indígenas y en pobreza, las mujeres y un larguísimo etcétera —que los hay— no se le cuestiona su mexicanidad.
Se le critica, se le lanzan burlas, pero no se le despoja de su carácter de mexicano. Por el contrario, si un mexicano judío se anuncia sionista —criticable en su propio término— la reacción es marcadamente diferente. Rápidamente recibirá órdenes de salir del país, de irse a Israel, bajo el supuesto de que no es mexicano como el resto. Basta ver las redes sociales de los podcasteros «Par De Tres» —cuyo integrante Alex Tacher participó en las Fuerzas de Ocupación Israelíes— para corroborarlo. ¿Se entiende la diferencia?
Lo que sucedió en Polanco es condenable, sin dudas. Pero para la oposición conservadora mexicana, representó una oportunidad de posicionamiento de dientes para afuera. La senadora panista Lilly Téllez publicó un tuit al respecto donde promovió su iniciativa dizque para proteger a la comunidad judía de retórica de odio y discriminación, raro, considerando que la discriminación no es legal en México.
Lo interpreto así: o Téllez quiere dar un manto adicional de protección a las y los judíos lo cual sería ilógico —porque sería separarles de otros grupos históricamente marginados que viven en nuestro país— o quiere una legislación para que se repita, por ejemplo, lo que se vio en Reino Unido —detenciones a manifestantes pacíficos propalestina acusados falsamente de propagar discursos de odio—.
Las condenas selectivas no solo vinieron del PAN. El nuevo partido Somos emitió un comunicado y sus integrantes también se posicionaron. Adina Chelminsky —pública sionista y promotora de Somos— dijo que no tiene dudas de que quienes gritaron eso fueron acarreados de Morena.
¿Estamos hablando del mismo Morena que llevó a la presidencia a la primera mujer de ascendencia judía en nuestro país? La congruencia claramente no es su fuerte. Y Fernando Belaunzarán, representante del partido ante el INE, publicó un mensaje en X que dividió en puntos:
« 1. Los judíos en México son mexicanos y gozan de todos los derechos constitucionales».
De acuerdo.
« 2. Por tanto, pueden opinar de lo que se les antoje sobre temas domésticos o internacionales con la misma libertad que cualquier ciudadano».
Coincido.
« 3. Mantener lazos con Israel es su derecho».
Sí, correcto, y así como es su derecho expresarse libremente a favor de un etnoestado genocida si así lo desean, el resto somos libres de criticarles por ello.
« 4. La comunidad judía es muy plural y no podía ser de otra manera. Rechacemos los estigmas y prejuicios, respetando las diferencias. Discrepar se vale».
Sí, la comunidad judía es plural, que Belaunzarán lo admita es un reconocimiento en sí mismo de que existen personas judías antisionistas, rompiendo con la narrativa oficial del gobierno israelí y sus simpatizantes. En cuanto a que «discrepar se vale», coincido a medias. Se vale discrepar en si le echas piña a tus tacos, no en si debería ser moralmente aceptado mantener un estado fundamentado en el apartheid.
« 5. No admitamos el antisemitismo, aunque le llamen antisionismo».
Y salió el peine: la equiparación de dos conceptos profundamente distintos (solo similares en fonética). El antisionismo defiende que Palestina merece libertad, y que un grupo étnico no tiene el derecho de desplazar a otros o de cometer un genocidio. El antisemitismo es el odio contra el pueblo judío. Sencillo. Plantear que es algo más complejo solo sirve para incentivar que la gente no alce la voz, no se posicione, útil para que Israel se blinde de críticas.
Con lo acontecido el 11 de septiembre en calles de la Ciudad de México, Somos y Téllez intentaron plantearse como las opciones políticas a las que sí les importa el antisemitismo, pero esto es falso.
Cuando fue la marcha de la Generación Z —convocada por estos mismos grupos del conservadurismo mexicano— también hubo claros actos de antisemitismo: un sujeto apareció con una playera con una esvástica; se registraron pintas discriminatorias en Palacio Nacional; y decenas de personas gritaron «¡Fuera la judía!», exigiendo la salida de la presidenta por su ascendencia. Ahí no dijeron nada.
Pareciera que a estos supuestos defensores de los judíos no les preocupa el antisemitismo sino instrumentalizarlo. Cuando se utiliza para atacar a la presidenta que desprecian, mantienen un silencio cómplice. Y cuando es útil señalarlo para tratar de pintar al movimiento propalestina como una bola de antisemitas, emiten comunicados y pronunciamientos. Conveniente.