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Hugo Ontiveros
La esfera política
Por: Hugo Ontiveros

Publicado el

No hubo reforma, pero sí sentidos

Amigos de POSTA, la semana pasada platicábamos sobre los puntos de la llamada reforma electoral...



Amigos de POSTA, la semana pasada platicábamos sobre los puntos de la llamada reforma electoral. Hoy, con el llamado Plan B ya aprobado en el Senado, vale la pena poner sobre la mesa algo más importante: el costo político que está pagando la presidenta Claudia Sheinbaum… por una reforma que, en los hechos, no es reforma. Y ese costo no está afuera.Está adentro.

Cuando uno ve lo que ocurrió, se da cuenta de algo muy simple —y muy cotidiano: Es como cuando en una familia alguien decide “ordenar la casa”… y termina peleándose con todos los que viven ahí. Eso pasó aquí.

El Partido del Trabajo (PT), histórico aliado de la Cuarta Transformación, terminó siendo uno de los más lastimados. Y no es casualidad. El PT es ideológico. Cree en lo que dice. Se mueve con el “corazón de izquierda”.

Pero en política, muchas veces el corazón estorba.

En contraste, el Partido Verde juega distinto: más frío, más calculador, más pragmático. No se casa con ideas, se casa con resultados. Por eso sobrevive… gobierne quien gobierne. Y en este choque, el que pierde casi siempre es el que cree más.

¿UNA REFORMA PARA DEBILITAR A LOS PROPIOS?

Aquí viene una de las lecturas más incómodas: Pareciera que esta reforma —la que no fue— tenía un efecto colateral muy claro:

asfixiar políticamente a los partidos aliados.

Porque cuando se toca el dinero…se toca la vida. La coincidencia entre el Verde y el PT no fue ideológica. Fue de supervivencia.

Porque reducir recursos no es solo “quitar privilegios”…

también es debilitar estructuras, operación territorial y capacidad electoral. Y ahí es donde el discurso empieza a chocar con la realidad.

El gobierno insiste en una bandera: “acabar con los privilegios”.

Pero aquí vale la pena hacer una pausa, como lo haría cualquier ciudadano de a pie:

¿Qué es un privilegio?

¿Ganar bien por un trabajo público es un privilegio?

¿Tener prestaciones es un exceso?

¿O el problema eran los abusos, no las condiciones dignas?

Porque una cosa es corregir excesos… y otra muy distinta es normalizar la precariedad. Y en política, como en la vida, nadie que esté bien… quiere estar peor.

Otro punto clave: la operación política. Aquí se notó algo que cada vez es más evidente: La presidenta no tiene —al menos hasta ahora— el mismo tacto político que tenía Andrés Manuel López Obrador.

AMLO negociaba, contenía, cedía cuando era necesario. Sheinbaum, en cambio, tiende a romper más rápido las mesas. Y eso, en un sistema donde necesitas mayorías, aliados y acuerdos…

cuesta caro. Muy caro.

Y al final, la gran pregunta: ¿Qué cambió en lo democrático?. NADA

No se fortaleció el sistema democrático. No se innovó en la forma de votar.No se corrigieron de fondo los problemas estructurales. Es decir: tiene todo… menos reforma electoral.

La presidenta quiso impulsar un cambio. Pero terminó generando tensiones internas, debilitando a sus aliados y dejando una sensación de reforma incompleta. Y en política, como en cualquier negocio o en cualquier casa: cuando lo que pagas es más caro que lo que obtienes… algo hiciste mal.


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