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CLARA VILLARREAL
¿Imagen o Percepción?
Por: CLARA VILLARREAL

Publicado el

La consciencia que habitamos

"Nuestro nivel de consciencia define la forma en la que reaccionamos, decidimos y nos relacionamos con el mundo".



“Nuestro nivel de consciencia define la forma en la que reaccionamos, decidimos y nos relacionamos con el mundo.”

En un mismo espacio pueden convivir muchas formas de actuar. Dos personas pueden presenciar exactamente la misma situación y responder de maneras completamente distintas. Mientras una persona reacciona con respeto, otra puede reaccionar con desprecio. Mientras alguien protege, otro intimida. Mientras uno construye, otro destruye.

La pregunta entonces aparece con naturalidad: ¿por qué sucede esto si todos estamos viendo lo mismo?

La respuesta, al menos para mí, está en el nivel de consciencia desde el que cada persona vive su vida.

No todos observamos la realidad desde el mismo lugar interior. Cada persona mira el mundo desde su historia, sus heridas, sus aprendizajes, sus miedos y también desde el grado de evolución emocional y espiritual que ha alcanzado. Por eso alguien puede humillar a otro sin siquiera darse cuenta del daño que provoca, mientras otra persona, en la misma escena, elige intervenir para proteger.

No se trata solamente de valores aprendidos, sino de consciencia. De qué tan despierta está una persona frente a su propia forma de actuar.

Cuando comprendemos esto, muchas cosas empiezan a tener más sentido. Incluso aquellas que nos dolieron.

Tal vez por eso los mensajes de Jesús estaban llenos de amor y de perdón. Porque entendía que muchas personas actúan desde la ignorancia emocional, desde la inconsciencia, desde un lugar interior que aún no ha evolucionado. “Perdónalos porque no saben lo que hacen” no es solo una frase espiritual; es también una profunda lectura de la condición humana.

Cuando miro hacia atrás y pienso quién fui hace veinte años, entiendo perfectamente esta idea. Era la misma persona, con el mismo nombre, con los mismos sueños, pero con un nivel de consciencia completamente distinto. Tomé decisiones que hoy no tomaría. Dije cosas que hoy elegiría decir de otra manera. Reaccioné desde lugares que hoy, simplemente, ya no habito.

Y no se trata de culpa. Se trata de evolución.

Con el tiempo uno aprende a observarse, a cuestionarse, a crecer. La consciencia no llega de golpe; se va ampliando con las experiencias, con los errores, con el dolor, con los encuentros que nos transforman.

Quizá la verdadera madurez consiste en eso: en reconocer que todos estamos en distintos momentos de nuestro proceso. Algunos apenas comienzan a despertar. Otros ya han recorrido un tramo más largo del camino.

Entenderlo no significa justificar el daño. Pero sí permite mirar al mundo con más compasión, con menos juicio y con una pregunta más profunda: ¿desde qué nivel de consciencia estoy viviendo hoy mi propia vida?

Porque al final, más que cambiar a los demás, la verdadera transformación ocurre cuando cada uno decide elevar la suya.

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