Lo mejor de la información de México y el mundo
Facebook POSTAX POSTAInstagram POSTAYoutube POSTATikTok POSTA
Hugo Ontiveros
La esfera política
Por: Hugo Ontiveros

Publicado el

¿Funciona la educación en México?

Hace unos días, una decisión de la Secretaría de Educación Pública abrió un debate...



Hace unos días, una decisión de la Secretaría de Educación Pública abrió un debate que terminó por tocar una de las fibras más sensibles del país: la educación de nuestros hijos.

El anuncio realizado por el titular de la SEP, Mario Delgado, sobre la posibilidad de adelantar prácticamente un mes el cierre del ciclo escolar, generó molestia, preocupación y, sobre todo, una conversación nacional que quizá hacía falta desde hace mucho tiempo.

Porque más allá del calendario, la verdadera pregunta es otra: ¿cómo está realmente la educación en México?

El tema no es menor. En un país donde millones de niños y jóvenes todavía arrastran rezagos educativos desde la pandemia, pensar en reducir días efectivos de clases encendió las alarmas de padres de familia que sienten —con razón— que el sistema educativo no está logrando cumplir con lo básico.

Y es que hoy la escuela ya no solamente representa un espacio académico. Para muchas familias mexicanas también es un espacio de estabilidad, formación social y hasta de guardería.

La realidad es distinta a la de hace décadas. Hoy, en la enorme mayoría de los hogares, papá y mamá trabajan. Las dinámicas económicas obligaron a transformar el modelo familiar y, en consecuencia, también las necesidades alrededor de la escuela.

Por eso la preocupación no solamente era educativa, sino también social: ¿qué hacen miles de familias con hijos en casa durante prácticamente un mes adicional? ¿Quién los cuida? ¿Quién acompaña su formación? ¿Quién absorbe ese costo?

Pero el fondo del debate es todavía más profundo. Porque quizá el verdadero problema no es si salen antes o después de vacaciones. El verdadero problema es que cada vez más mexicanos sienten que la educación pública ya no garantiza certeza.

Y cuando una sociedad pierde confianza en su sistema educativo, pierde mucho más que clases. Pierde futuro.

Hoy vale la pena preguntarnos, sin ideologías y sin colores: ¿está funcionando realmente el modelo educativo mexicano?

¿Los niños están aprendiendo lo necesario para competir en el mundo actual?

¿Estamos formando estudiantes capaces de enfrentar la vida laboral, la tecnología, la inteligencia artificial, los cambios globales y las nuevas exigencias económicas?

¿O seguimos atrapados en un sistema burocrático, lento y profundamente politizado?

Porque el debate también obliga a tocar temas incómodos.

¿Quién está fallando?, ¿Las familias?, ¿El modelo educativo?, ¿La burocracia?, ¿La política?, ¿Los sindicatos?, ¿Los gobiernos?, ¿O todos al mismo tiempo?

La educación en México pareciera haberse convertido en un terreno donde constantemente pesan más las negociaciones políticas que las prioridades académicas.

Y eso termina generando una percepción peligrosa: quien tiene posibilidades económicas busca inmediatamente sacar a sus hijos del sistema público. No es casualidad que miles de familias hagan enormes sacrificios para pagar una escuela privada.

Muchos lo hacen buscando infraestructura. Otros, estabilidad. Otros más, continuidad académica. Otros estatus… etc.

Y muchos simplemente buscan evitar que la educación de sus hijos quede atrapada entre conflictos sindicales, paros, improvisaciones administrativas o decisiones políticas.

Esa es quizá la señal más preocupante de todas. Cuando incluso quienes creen en la educación pública buscan alternativas privadas, el mensaje es claro: algo no está funcionando.

Porque la educación debería ser el gran igualador social de un país. La herramienta que le permita a cualquier niño —sin importar dónde nació— el ascenso social.

Pero hoy, tristemente, pareciera que la educación en México refleja exactamente lo contrario: la desigualdad.

Y mientras el debate se centra solamente en calendarios, vacaciones o acuerdos políticos, quizá seguimos dejando fuera la conversación más importante: La calidad educativa. La formación real. El futuro de millones de niños.

Porque al final, un país que no logra educar correctamente a sus nuevas generaciones no solamente compromete el presente. Compromete su destino.

Síguenos en Google News
General