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FER BUSTOS: ¿Las revistas dejaron de ser revistas? El Diablo Viste a la Moda 2

El Diablo Viste a la Moda 2 y la crisis editorial: cuando el algoritmo mata las ideas.


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Copiar Liga
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Algo interesante de la película The Devil Wears Prada 2, es que detrás del tema de la moda y el lujo, aparece una crítica bastante clara al estado actual de los medios impresos. Ya no importa tanto si un texto es profundo, incómodo o inteligente.

Lo que importa es si genera tráfico, clics y engagement. El criterio editorial ha perdido terreno frente al algoritmo.

Pero el problema es incluso más profundo que eso. Hace unos días Slavoj Žižek, uno de los filósofos más relevantes en la actualidad, apareció en una entrevista para Vogue Adria, una edición regional enfocada en los Balcanes. No apareció en Vogue Francia.

No en Vogue Estados Unidos. No en Vogue México. Fue en una edición que podríamos llamar periférica.

Y eso dice mucho. Porque las grandes capitales editoriales parecen haber perdido por completo el interés en sostener conversaciones complejas o incómodas. Lo arriesgado, hoy igual que siempre, sucede en los márgenes.

Por esto gran parte del mundo editorial parece haberse vuelto estéril. Muchas revistas dejaron de ser revistas para convertirse en catálogos de publicidad y relaciones públicas.

Publicaciones donde casi todo luce correcto, limpio y visualmente atractivo, pero donde rara vez aparece una idea verdaderamente incómoda o profunda.

Y sí, el algoritmo tiene responsabilidad en esto. Pero creo no toda la culpa es de las plataformas. La realidad es que detrás de muchas revistas ya no están los editores más arriesgados ni las mejores plumas, sino quienes tuvieron las relaciones correctas para llegar ahí.

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Y eso se nota en cada página. Hay revistas llenas de personas que no saben escribirque tampoco saben qué es lo que está pasando allá afuera. Y esto no sólo sucede en revistas sino en muchos otros lados.

Cuando los espacios culturales se convierten en pequeños círculos sociales donde todos se conocen, se celebran y se validan mutuamente, la crítica desaparece. Nadie quiere incomodar demasiado a quienes verá en la siguiente cena, en el siguiente evento o en la próxima campaña de marca. Por eso hoy muchas páginas se sienten vacías.

Mucha estética, mucho networking y muy poco pensamiento. Los círculos del privilegio han dañado muchas esferas culturales.

Por eso el problema de muchas revistas contemporáneas no es únicamente económico ni tecnológico. También es intelectual. Dejaron de arriesgarse.

Dejaron de incomodar. Dejaron de pensar. Y cuando una publicación pierde eso, aún cuando conserve diseño, marcas de lujo y seguidores, es una renuncia a lo único que la distingue de un anuncio publicitario: la capacidad de producir cultura. Una revista que no piensa no es una revista: es sólo un catálogo con pretensiones.


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