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Fer Bustos: ¿El Mundial todavía es para los aficionados?

El Mundial 2026 refleja una creciente comercialización del fútbol, donde los intereses económicos parecen imponerse sobre la experiencia de los aficionados y el espíritu que dio origen a la Copa del Mundo.


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Copiar Liga
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Tengo la impresión de que el Mundial ha dejado de tratarse principalmente de fútbol. Vaya, por lo menos para la FIFA lo más importante parecen ser las marcas, los patrocinadores, las experiencias VIP y el dinero que se puede generar alrededor del torneo.

La afición, que durante décadas ha sido el corazón de esta celebración, ocupa un lugar cada vez más secundario y la gente lo sabe.

Y no lo digo solamente por el precio de los boletos que son ridículamente más caros en comparación con torneos pasados.

Basta observar todo lo que está ocurriendo alrededor de la copa: la especulación inmobiliaria que nos ha dejado airbnbs con costos de 100 mil pesos al mes durante las semanas del torneo, el operativo “última milla” que limitará el acceso a la zona de los estadios horas antes de cada partido, o todas esas advertencias que el IMPI ha anunciado sobre multas millonarias a bares y restaurantes que transmitan partidos sin la licencia que la FIFA solicita.

Todo lo que la FIFA ha tenido oportunidad de privatizarconvertir únicamente en su negocio, lo ha hecho. Ahora ni si quiera se pueden decir ciertas palabras, usar imágenes que hagan alusión al torneo, y la sólo idea de reunirte con personas cercanas a ver los partidos en algún lugar, como se ha hecho por años, cada vez parece más difícil.

No hay ya nada gratis.

Cuando la FIFA fue fundada en París en 1904, el objetivo era organizar una competencia internacional entre selecciones nacionales. El primer Mundial, celebrado en Uruguay en 1930, se jugó con apenas 13 equipos. No había patrocinadores globales, zonas hospitality ni experiencias premium. El fútbol y la pasión eran el centro de todo.

Y el problema no es que el fútbol genere ganancias. El problema es que el orden de prioridades se ha invertido. Antes el negocio existía alrededor del fútbol. Hoy pareciera que el fútbol existe alrededor del negocio.

La propia FIFA ofrece una radiografía de esta transformación. Gianni Infantino suele recordar que la organización es técnicamente una institución sin fines de lucro. Sin embargo, al mismo tiempo la FIFA habla cada vez más como una corporación global sin escrúpulos que está obsesionada con obtener ganancias millonarias a como de lugar: ¿verdaderamente a esta corporación le importa la magia del fútbol?

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Durante décadas se nos dijo que los grandes eventos deportivos traerían beneficios para la población local, pero cuando uno observa lo que está ocurriendo, surge otra pregunta: ¿Quiénes van a beneficiarse realmente del Mundial? ¿El dueño de una pequeña fonda? ¿El vendedor ambulante de siempre? ¿La persona que lleva años viviendo cerca de los estadios y ahora tendrá que pasar por filtros para llegar a su casa? ¿O los grandes grupos hoteleroslas plataformas digitales, las inmobiliarias y quienes ya tenían suficiente dinero para aprovechar la oportunidad?

El gran problema de los multimillonarios y de muchas grandes organizaciones es que siempre terminan olvidando de dónde viene realmente su dinero. Y el dinero del fútbol no nace de la FIFA, ni de los patrocinadores, ni de las marcas. Todo ese dinero viene de millones de personas que llenan estadios, compran camisetas, organizan reuniones para ver los partidos, discuten alineaciones y convierten al fútbol en uno de los fenómenos culturales más importantes del planeta.

Si los aficionados y el mismo fútbol dejan de estar en el centro, lo que termina vaciándose no es sólo el estadio sino el significado mismo de la copa. La gente no va a dejar de ver el Mundial porque así es la pasión.

Pero sería bonito pensar que otro tipo de torneos pueden ser posible: fantasear con que más personas tengan la oportunidad de decir en un futuro, que tuvieron la fortuna de ver jugar a Messi o a Cristiano en el mundialasí como hay personas que hoy pueden decir que vieron jugar a Maradona en el Azteca en el 86.


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