¿En qué momento confundimos popularidad con pensamiento?
Hoy la política mexicana valida sus ideas con influencers y comunicadores populares en lugar de análisis riguroso, lo que vacía el debate intelectual y prioriza las vistas sobre la verdad.
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Hoy en México ya no necesitas ser riguroso para influir en la política; basta con parecerlo. Ruzzarin dando charlas en la Cámara de Diputados, Zunzunegui haciendo programas con Ricardo Salinas... pocas cosas se sienten tan vacías como ver a esos dos personajes y sus discursos intentando legitimar ideas y posturas políticas.
Sin embargo, esto no es nuevo. Más bien parece una versión suavizada de lo que supo hacer muy bien Carlos Salinas de Gortari durante su gobierno, cuando abrazó a las y los intelectuales de su época no solo para reconocerlos, sino para dotarlos de un poder mediático que terminó por blindarlo.
Y es que pocas cosas son tan eficientes a nivel discursivo como tener a un grupo de intelectuales y pensadores a tu disposición. El modelo fue tan efectivo que aún hoy podemos ver a “pensadores”, cobijados por regímenes de gobiernos pasados, estar confrontados con el gobierno actual.
Desde ahí no sorprende que, ante ese vacío, Ricardo Salinas recurra a la figura de Zunzunegui para justificar teóricamente su pensamiento y que ahora la Cámara de Diputados busque a Ruzzarin para dar una conferencia. No obstante, la diferencia con el pasado es bastante obvia, y lo que hoy evidencian esos dos personajes, con todos sus views y fandom, es la falta de coherencia, de información y de análisis crítico.
Ambos han sido cuestionados en múltiples ocasiones por especialistas en diferentes áreas por estar impulsando ideas equívocas o confundir conceptos. Son buenos comunicadores y tienen muchos seguidores, pero eso no necesariamente implica rigor.
Lo que muestran, a partir de quienes buscan usarlos como respaldo teórico, es que a nivel político la verdad y el análisis fundamentado parecen haber dejado de importar porque vivimos en tiempos de la posverdad y de influencers. Ya no se necesitan intelectuales de televisión porque los jóvenes no la ven.
Más allá de si Ruzzarin domina o no los temas que aborda, lo relevante es otra cosa: lo que importa es que haya personas que le crean y que piensen que su forma de hablar es articulada e inteligente.
Lo mismo ha pasado con Zunzunegui, que, dicho sea de paso, fueron principalmente los influencers regios cercanos a Ruzzarin quienes lo pusieron en el ojo de lo mainstream. Ambos son más cercanos de lo que parece, pero ni el público ni quienes los contratan parecen advertirlo.
El «pan y circo» hoy ya no se queda en lo que antes se entendía como espectáculo, simplemente porque el espectáculo ha cubierto casi todas las esferas de la cultura. Sin embargo, ese espectáculo de “pensadores” evidencia un empobrecimiento preocupante del debate público. ¿De verdad este es el nivel del debate intelectual que estamos dispuestos a aceptar?