Lo mejor de la información de México y el mundo
Facebook POSTAX POSTAInstagram POSTAYoutube POSTATikTok POSTA
Hugo Ontiveros
La esfera política
Por: Hugo Ontiveros

Publicado el

El problema no es el error, es la mentira

Hubo un tiempo —y no hace tanto— en el que gobernar también significaba saber mentir. No era un accidente, era una estrategia.



Hubo un tiempo —y no hace tanto— en el que gobernar también significaba saber mentir. No era un accidente, era una estrategia.

Cuando la realidad incomodaba, se inventaba otra. Cuando el problema crecía, se lanzaba un distractor. Y cuando la presión subía, aparecían historias casi surrealistas.

Muchos lo recordarán: desde figuras como el “chupacabras” hasta noticias escandalosas que parecían sacadas de una película, como fue el caso de Frida Sofía en el Rébsamen tras el sismo del 19 de septiembre de 2007 en la CDMX. La lógica era simple: si no puedes controlar la realidad, controla la conversación.

Y durante años funcionó. Pero algo cambió. Hoy tenemos dos posibilidades: o la gente está más informada… o simplemente ya no se chupa el dedo. Probablemente, son ambas.

La ciudadanía actual no solo consume información, la compara, la cuestiona y, sobre todo, la contrasta con su propia experiencia. Ya no basta con decir que todo salió bien cuando la gente vivió lo contrario.

Ahí es donde empieza el problema para muchos políticos. Porque hoy, más que nunca, le tienen miedo a la verdad. Prefieren caer en lo ridículo antes que asumir un error. Y ejemplos sobran.

Desde narrativas oficiales que intentan desmentir hechos evidentes —como aquel episodio de la “imagen generada con inteligencia artificial”— hasta casos más claros, como la reinauguración del Estadio Azteca, donde se habló de un “éxito rotundo”, mientras miles de personas vivían el colapso del transporte, el caos vial y la mala logística.

La gente no es tonta, y se molesta cuando intentan tomarle el pelo. Hoy sabe perfectamente cuándo le están maquillando la realidad.

Lo mismo ocurrió en días pasados en Zacatecas, donde, tras abucheos públicos al gobernador, la respuesta no fue el silencio prudente ni la autocrítica, sino intentar descalificar lo ocurrido diciendo que eran “videos manipulados”. La excusa de moda: fue la IA.

Ese es el error. No el abucheo. No el fallo. No la crisis. El verdadero error es subestimar a la gente. Porque hoy, el ciudadano puede perdonar un error… pero difícilmente perdona que le quieran ver la cara.

Aquí es donde entra una reflexión clave desde la consultoría política: decir “nos equivocamos” no debilita a un gobierno, lo humaniza. Decir “intentamos esto y no funcionó” no es fracaso, es credibilidad. Decir “vamos a corregir” no es rendirse, es gobernar.

Pero en la lógica política actual, aceptar un error sigue siendo visto como un pecado capital. Y por eso muchos prefieren construir narrativas absurdas que terminan generando más daño que el problema original.

Hoy, la comunicación política enfrenta un cambio profundo: la gente ya no quiere perfección, quiere verdad. No quiere discursos impecables, quiere congruencia. No quiere propaganda, quiere respeto.

Si no entendemos esto, el resultado será claro: más distancia entre ciudadanía y gobierno, más desconfianza y menos participación.

Y eso, en cualquier democracia, es una señal de alarma.

Por eso, de cara a 2027, hay una oportunidad enorme para quien entienda una cosa: la verdad también comunica. Y comunica mejor.

Porque, en técnica de comunicación política, decir la verdad no implica decir toda la verdad… pero sí implica no mentirle a la gente.


Síguenos en Google News
General