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CDMX

El país de las mujeres

El país de las mujeres, de Gioconda Belli, imagina un gobierno femenino que transforma la política con empatía y sátira.


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Por: Carolina Hernández

Hola qué tal, yo soy Carolina Hernández y este es Sin Esdrújulas, tu micro mini podcast en el que escribo cosas que luego leo, sobre cosas que leo y luego tu me ves leer.

Hoy quiero contarles sobre esta joya. El país de las mujeres, de Gioconda Belli, una audaz novela que es al mismo tiempo utopía, sátira política y celebración irónica del poder femenino.

La historia sucede en Faguas —un país imaginario pero muy parecido a cualquiera de los territorios latinoamericanos— y la protagonista es Viviana Sansón, presidenta electa por el Partido de la Izquierda Erótica, que crea un gobierno ginocrático imaginado desde una solidaridad radical entre mujeres. Belli llena ese país con personajes memorables y escenarios casi carnavalescos: hombres convertidos en objetos de trabajo doméstico mientras las mujeres toman por completo el poder público.

Pero la escritora no propone que la mujer se “masculinice” para alcanzar ese poder, al contrario, hace que sea cada día más mujer, incluso llevando estos elementos al extremo del ridículo, una mujer que el chicharito pueda amar, para acabar pronto.

Hay una parte en donde, como una de sus políticas públicas se declara que al cumplir los 13, los estudiantes dejen sus barrios para asistir a colegios regulares donde puedan aprender la técnica y la ciencia moderna, además de asignaturas clave como maternidad o cuidado doméstico.
Y entre tantas reformas y decretos, el más importante fue sacar a los hombres del gobierno estatal.

Liquidar y enviar, con sueldo adelantado de 6 meses, a todos los hombres a sus casas y ponerlos a realizar tareas domésticas que conformaron los nuevos reality shows para desplegar sus flamantes habilidades nuevas. Una vez que los hombres consiguieron atender los hogares, los pusieron a trabajar en la construcción de comedores o escuelas comunitarias.
En una entrevista, la autora contó que su intención no era solo imaginar un gobierno liderado por mujeres, sino ilustrar cómo ese poder —nacido de experiencias femininas como el cuidado, la empatía, la conciliación— podría transformar la política desde sus bases, borrando la antigua división entre lo público y lo privado.

Esta comedia política, sin embargo, no niega la fuerza de lo simbólico: es una novela juguetona, escrita con una prosa clara y cercana, pero también profundamente comprometida, una ventana a lo que muchas mujeres han soñado en silencio.

Es el tipo de novela que, más allá de entretener, enciende una chispa: ¿y si lo posible fuera más amplio de lo que creemos?

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