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Carolina Hernández: ¿Crees que no tienes sesgos? La ciencia explica por qué todos los tenemos

Todos tenemos sesgos, aunque muchas veces creemos que nuestras opiniones son objetivas. Identificarlos es el primer paso para cuestionar nuestras propias certezas.


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Hace días en un comentario de redes una persona dijo, así a bocajarro que no tenia sesgos.

De qué hablas preciosa, como no vas a tener, pues ni que los sesgos fueran granos.

Pero es que es natural.

Todas las personas creemos que nuestros prejuicios son razonamiento.

Creemos que se puede ser objetivos.

Nos gusta pensar que cuando juzgamos una situación estamos viendo los hechos, analizando las circunstancias y llegando, después de un razonamiento impecable, a una conclusión absolutamente imparcial.

Pero casi nunca funciona así.

Porque el razonamiento humano no opera siempre para descubrir qué es verdadero; con frecuencia está influido por la motivación de llegar a una conclusión determinada y luego encontrar razones que la hagan parecer razonable.

O sea, la mayoría de las veces construimos un argumento para explicar por qué teníamos razón desde el principio.

Un metaanálisis de 51 estudios con más de 18,000 participantes encontró sesgo partidista tanto entre liberales como entre conservadores, sin una diferencia significativa entre ambos grupos.

Es decie que las personas sistemáticamente tendemos a buscar, creer y recordar información que respalda nuestras creencias y afinidades políticas.

El problema es que no solemos darnos cuenta.

Porque los prejuicios tienen la extraordinaria habilidad de que, cuando viven suficiente tiempo dentro de nosotras, dejan de parecer prejuicios.

Se convierten en sentido común.

Nuestro cerebro toma decisiones antes de que podamos encontrar argumentos para respaldarlas.

Porque ya te lo he contado, lo que nuestro cerebro quiere son atajos. No puede andar por ahí gastando su energía en confirmar cosas que cree que ya sabe.

El problema aparece cuando confundimos esos atajos con la realidad.

A eso le llamamos sesgos.

Y todas las personas tenemos sesgos.

Sí, tú también.

Yo, por supuesto.

Incluso esa persona que presume que nunca los tuvo. Los tiene.

Y puede elegir entre varios.

Hay sesgo de confirmación, Sesgo de atribución, Sesgo de disponibilidad, Sesgo de autoridad… y hay uno bien kermozo que se llama Punto ciego del sesgo.

Creemos que los sesgados son los demás.

Pero no, los sesgos no solamente están en los demás.

También están en nuestras causas.

Se puede defender la libertad de expresión y celebrar cuando silencian a alguien que detestas.

Se puede hablar de democracia y justificar una conducta antidemocrática cuando la realiza alguien en tu línea ideológica.

Y eso no significa que seamos hipócrita.

Significa que somos humanos.

Pero hay una diferencia entre tener un sesgo y negarte a verlo.

La primera es inevitable. La segunda sí es una elección.

Por eso quizá deberíamos desconfiar un poco más de las personas que dicen que no tienen sesgos, porque quizá el sesgo más peligroso de todos sea ese.



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