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Carolina Hernández: El algoritmo sabe lo que te gusta, pero ¿te está robando la sorpresa?

La personalización algorítmica facilita encontrar contenido afín, pero también puede reducir los encuentros inesperados que alimentan la serendipia.


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Porque hoy quiero hablarte de lo mucho que hemos perdido la capacidad de sorprendernos y de lo mucho que tiene la culpa de eso, la era de la personalización.

¿Por qué todo tiene que ser personalizado?

El algoritmo es un migajero que solo está pendiente de lo que te gusta para mostrartelo y en aras de complacerte, te arrebata la capacidad de sorprenderte.

Hay una palabra que define muy bien es serendipia.
Serendipia es encontrar algo valioso por accidente.

¿Te acuerdas de cuando podías encontrar algo que no estabas buscando?
Una canción.
Un libro.
Una película.
Una persona.
Una idea.

Entrabas a una librería porque sí y salías con un libro que no conocías.
Prendías la televisión y podías encontrarte una película a la mitad.
Escuchabas una canción en la radio y pensabas:
¿Y estos quiénes son?
Y entonces empezaba el descubrimiento.
No habías buscado nada.
No habías seleccionado nada.
No había un algoritmo tratando de adivinar qué te gustaría.
Simplemente ocurrió.

Serendipia. El arte de encontrar algo que no buscabas.

 Ahora vivimos rodeados de máquinas diseñadas precisamente para evitar eso.

Tenemos una obsesión por la personalización: playlists, publicidad, comida, ropa, noticias…

Tenemos un algoritmo mostrándonos solo lo que nos gusta y parece muy shingón, pero ese es justamente el problema.

Porque mientras más precisa es una recomendación, menos espacio deja para el accidente.

Y los algoritmos no saben fabricar accidentes. Porque para sorprenderte tienen que correr un pequeño riesgo.
Tienen que salirse de tu patrón.
Y los sistemas de recomendación suelen estar obsesionados con lo contrario: acertar.

Y aquí aparece una paradoja preciosa.

Tenemos acceso a más cultura que cualquier generación anterior.
Puedes escuchar rap tailandés con un clic.

Nunca habíamos tenido tantas posibilidades de encontrar todo.
Y nunca habíamos tenido tantas herramientas para reducirlas.

Y pensarás, pero quien quiere pasar 40 minutos buscando una película para terminar viendo un documental sobre la cría de caracoles?

Ajá, pero hay algo que perdemos cuando todo está demasiado bien afinado.
La posibilidad de equivocarnos.
Y equivocarse también forma parte de descubrir.

Serendipia. La capacidad de encontrarnos con algo que no estábamos buscando.

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