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¿Masticar chicle te hace comer plástico? Un estudio revela lo que liberas en tu boca

Según un estudio de la UCLA (2025), una sola pieza libera miles de micropartículas en menos de diez minutos.


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Si mientras lees esto tienes un chicle en la boca, podrías estar haciendo algo más que refrescar tu aliento: podrías estar "cenando" polímeros. 

Un reciente y revelador estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ha puesto bajo la lupa a uno de los hábitos más comunes del mundo, y los resultados son, por decir lo menos, difíciles de tragar.

Chiles en caja Fotos: Freepik

Chiles en caja Fotos: Freepik

¿3,000 partículas en 8 minutos?

Olvídate de la vieja leyenda urbana de que un chicle tarda siete años en digerirse si te lo pasas. La realidad es más inmediata.

Según los investigadores, masticar una sola pieza libera una "lluvia" de más de 3,000 microplásticos directamente en tu saliva. ¿Lo más impresionante? No necesitas masticar por horas; la mayor parte de este desprendimiento ocurre en los primeros 8 minutos.

La dieta del plástico: ¿Una tarjeta a la semana?

Para los amantes del chicle, las matemáticas son de terror. Alguien que consume entre 160 y 180 piezas al año está ingiriendo, silenciosamente, hasta 30,000 microplásticos.

Pero la escala se vuelve física cuando sumamos otras fuentes de exposición. El estudio de la UCLA se alinea con investigaciones globales que lanzan una cifra que parece sacada de una distopía: entre el agua, el aire y productos como el chicle, el ser humano promedio consume aproximadamente 5 gramos de plástico a la semana.

Dato curioso: 5 gramos es exactamente lo que pesa una tarjeta de crédito estándar. Básicamente, cada siete días, tu sistema digestivo procesa el equivalente plástico de tu Visa o Mastercard.

Imagen alusiva a una mujer apunto de masticar un chicle Foto: Canva

Imagen alusiva a una mujer apunto de masticar un chicle Foto: Canva

¿De qué está hecho realmente lo que masticas?

La razón es simple: la mayoría de los chicles comerciales modernos ya no usan "chicle" (la resina natural del árbol de chicozapote). 

Hoy, la "goma base" es un cóctel de caucho sintético, ceras y polímeros derivados del petróleo. Es decir, plástico diseñado para ser elástico, pero no para ser inerte ante el calor y la fricción de tu boca.

¿Hacia un retorno a lo natural?

Este hallazgo pone en jaque a la industria global de las golosinas, que durante décadas ha sustituido la resina natural del árbol de chicozapote por caucho sintético y polímeros derivados del petróleo.  

El problema radica en que estos componentes están diseñados para ser indestructibles, pero no para ser masticados sin liberar subproductos

Ante este panorama, surge una tendencia creciente hacia los "chicles orgánicos", aunque por ahora representan una fracción mínima del mercado. La pregunta para el consumidor moderno ya no es qué sabor elegir, sino si está dispuesto a seguir "pagando" su frescura con el plástico de su propia salud.

La próxima vez que busques ese paquete de menta en el mostrador, quizá quieras preguntarte: ¿tengo hambre de frescura o simplemente estoy acumulando plástico para mi próxima tarjeta?

Mujer haciendo una bomba de chicle Foto: Canva

Mujer haciendo una bomba de chicle Foto: Canva

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