La Liga de Voleibol Profesional de México arrancó en 2026 con seis franquicias femeniles y una meta es abrir un camino profesional sostenible para el talento nacional.
México enciende ruta profesional del voleibol. Foto: Liga de Voleibol Profesional de México
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En el voleibol mexicano hay una palabra que se repite desde hace varios años: “proyecto”. Se hablaba de intentos, de temporadas cortas, de torneos que encendían la ilusión y luego se apagaban por falta de estructura, inversión o calendario.
La diferencia, en 2026, es que el plan por fin trae forma de liga: franquicias, sedes, identidad, calendario y una ruta pública para crecer.
La temporada 2026 abrió con series que empezaron a construir rivalidades inmediatas. Foto: Liga de Voleibol Profesional de México
La Liga de Voleibol Profesional de México (LVP MX), conocida también como el esfuerzo nacional que encabeza Jesús Perales Navarro, presidente de la Federación Mexicana de Voleibol, inició su temporada inaugural femenil el 17 de enero de 2026, con un objetivo más ambicioso que “jugar partidos”: crear un camino profesional sostenido para el talento mexicano, sin obligar a las jugadoras a elegir entre competir o abandonar su carrera deportiva.
El lanzamiento formal, realizado en Ciudad de México, reunió a seleccionadas y seleccionados nacionales, entrenadoras, directivos y figuras históricas del voleibol, con un mensaje que marcó el tono de esta nueva etapa. Perales citó a Nelson Mandela para describir lo que venía: “Todo parece imposible, hasta que se hace”.
Seis equipos, seis plazas… y un país por conquistar
La primera temporada femenil arrancó con seis franquicias que, de entrada, le dan presencia a distintas regiones: Coronelas de Durango; Tapatías de Guadalajara, Jalisco; Freseras de Irapuato en Guanajuato; Leonas de León, Guanajuato; Gigantes de Aguascalientes; y Guerreras de Puebla.
La Liga de Voleibol Profesional de México hizo su lanzamiento oficial con seis equipos. Foto: Liga de Voleibol Profesional de México
La apuesta no es menor: competir en plazas donde el voleibol ya existe en escuelas, ligas universitarias y torneos locales, pero ahora con un producto profesional que busca llenar graderías, sumar patrocinadores, formar audiencias y sostener un calendario.
Y si la liga nació con un peso importante sobre el deporte femenil, no fue casualidad. En el propio lanzamiento se dejó claro que la primera bandera la levantarían ellas.
Los primeros fines de semana dejaron señales claras para el deporte en México, hay nivel, hay presión, y hay equipos que empiezan a dibujar su personalidad.
Leonas de León abrió su historia con fuerza al imponerse en su serie inicial ante Freseras, con una actuación que las colocó rápido como referencia del arranque.
En Puebla, el ambiente también tomó forma desde antes del primer saque. Guerreras presentó un calendario que convirtió al Gimnasio Miguel Hidalgo en promesa de fortaleza, con una narrativa que mezcla tradición del inmueble y ambición competitiva bajo el mando de Regla Torres, una figura histórica del voleibol internacional.
Y en lo deportivo, el formato de series de dos partidos por jornada, empieza a crear algo que a México le hacía falta en voleibol, la continuidad y las rivalidades, esa repetición de duelos, de ida y vuelta, construye memoria en la afición, pues te ganas o te cobran la factura una noche después.
Los equipos marcaron con firmeza su paso en el arranque con su primera serie. Foto: Liga de Voleibol Profesional de México
Crecimiento, de “temporada inaugural” a sistema nacional
Jesús Perales ha planteado como meta un crecimiento hasta 16 equipos en el mediano plazo, porque la liga nace con discurso de expansión.
Pero la expansión no es solo sumar plazas: es resolver lo que históricamente traba a los proyectos deportivos en México.
Entre los retos está la infraestructura y los costos reales, pues más equipos significa más arenas disponibles, operación, seguridad, producción y logística. En el propio arranque se reconoció que hubo interesados que no entraron por temas económicos e infraestructura.
También representan un reto los viajes y el calendario, una liga nacional no se sostiene con “eventos”, se sostiene con rutas, descansos, recuperación y planeación, todo eso cuesta dinero. El calendario ya marca una exigencia semanal con series que obligan a administrar planteles y cuerpo médico.
Es importante entender el modelo de negocio, pues la liga se asume como franquicia, con necesidad de patrocinios y alianzas con gobiernos locales, pero sin caer en dependencia total.
La meta para la Liga de Voleibol Profesional de México es llegar a 16 equipos. Foto: Liga de Voleibol Profesional de México
Proyección 2026, el segundo paso será varonil
Uno de los anuncios relevantes es que la temporada varonil está prevista para arrancar el segundo semestre de 2026, lo que convertiría este arranque femenil en el primer capítulo de un modelo integral.
Si ese calendario se cumple, la apuesta cambia de tamaño: pasaría de ser una liga a ser un sistema profesional con dos ramas y, potencialmente, una ruta más clara para selecciones nacionales, exportación de jugadoras/jugadores y atracción de refuerzos.