Maryfer Centeno explica por qué tu firma revela tu yo social
La grafóloga y comunicadora Maryfer Centeno explicó en Historias por Contar que la firma no es un trazo inmóvil: proyecta identidad, cambia con la vida y puede convertirse en un símbolo de marca personal
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En conversación con David Dorantes, CEO de Grupo POSTA para el podcast Historias por Contar, la abogada, grafóloga, grafóscopa, autora y comunicadora definió la firma como “el yo social”. Su explicación parte de una diferencia: la escritura cotidiana evoluciona de manera más espontánea, mientras que al crear una firma intervienen decisiones estéticas, referencias y la intención de ser visto de cierta forma.
“Yo creo que para diseñar una firma tendríamos que pensar: ¿cómo quiero que me vean?, ¿qué imagen quiero proyectar?”, planteó Centeno. Desde su perspectiva, una persona puede inspirarse en firmas que admira o incorporar rasgos que considera compatibles con la imagen que desea comunicar.
Durante la conversación pidió a Dorantes escribir la palabra “hola” bajo dos estímulos emocionales opuestos. El ejercicio mostró variaciones sin borrar por completo los rasgos constantes de su escritura. “Nadie firma igual dos veces. Dos firmas iguales: una es falsa”, afirmó al explicar un principio de grafoscopía.
La especialista añadió que algunas personas sienten que su firma “ya no les sale” como antes. Para ella, esa dificultad puede acompañar una etapa de cambio: “A veces la vida nos lleva a evolucionar, a cambiar, a transformarnos tanto, que la firma se va a ver reflejada ahí”.
Centeno puso como ejemplo la transformación que, según su observación, ha tenido la firma de Donald Trump. Señaló que sus primeros trazos eran pequeños y redondeados, mientras que posteriormente se volvieron expansivos y angulosos. La lectura fue presentada como un ejemplo de evolución gráfica y de congruencia entre proyección pública y estilo de comunicación, no como una evaluación de sus decisiones políticas.
Para analizar una escritura, Centeno dijo que agrupa factores como tamaño, dirección, presión, inclinación y márgenes. Una firma grande puede vincularse con el deseo de llamar la atención; una escritura con mayor presión comunica intensidad; y la dirección del trazo forma parte del conjunto interpretativo.
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La especialista aclaró que no divide las firmas entre bonitas y feas. “Para mí como grafóloga no hay letra bonita ni letra fea. Estamos hablando de personalidad y todas son interesantes”, sostuvo.
Este enfoque desplaza la conversación de la estética hacia la congruencia. En vez de preguntar si una firma luce bien, propone observar si el símbolo representa a la persona actual y si acompaña la imagen que desea proyectar.
Cambiar la firma también exige responsabilidad legal
Ante la pregunta de si es válido modificar la firma para representar una nueva etapa, Centeno respondió que sí: “Todo lo que te haga feliz se vale”. Sin embargo, advirtió que un cambio radical debe considerar sus implicaciones legales, pues la firma aparece en el INE, pasaporte, licencia, registros fiscales y otros documentos.
Su recomendación es trabajar con pequeños detalles cuando se busca mayor congruenciaentre identidad y proyección. También distinguió entre firma legal, autógrafo y símbolo de marca: la primera valida documentos; el segundo se ofrece a seguidores o públicos; y el tercero condensa aquello que más representa a una persona.
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Al final de la charla propuso tres preguntas y decisiones prácticas: definir quién soy, precisar qué imagenquiero dar y encontrar equilibrio entre ambas; permitir que el lenguaje corporal sea auténtico, sin volverlo una coreografía; y cultivar el enfoque para aprender a decir sí y no con claridad.
La conversación completa fue realizada en Historias por Contar, podcast conducido por David Dorantes. El episodio propone mirar un gesto cotidiano con otros ojos: la firma puede evolucionar, pero su mayor fuerza aparece cuando lo que proyecta conserva relación con la historia, la conducta y la identidad de quien la traza.