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La primera infancia en México vive la pobreza más alta

En México, niñas y niños de 0 a 5 años concentran los mayores niveles de pobreza y, al mismo tiempo, reciben una de las menores inversiones públicas, lo que compromete su salud, aprendizaje y bienestar.

Mientras México mantiene rezagos en atención temprana, Nuevo León ha puesto en marcha estrategias focalizadas en lactancia, nutrición y cuidados. Foto: Jafet Moz.
Mientras México mantiene rezagos en atención temprana, Nuevo León ha puesto en marcha estrategias focalizadas en lactancia, nutrición y cuidados. Foto: Jafet Moz.

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En México, la primera infancia —la más pequeña, la que gatea y apenas desarrolla sus primeras palabras y pasos— también es la más desprotegida por el Estado.

Mientras el país continúa debatiendo modelos económicos y la efectividad de los programas asistenciales, las niñas y niños recién nacidos y hasta los 5 años enfrentan, en silencio, una paradoja brutal: son el grupo poblacional con mayor índice de pobreza y el que recibe menos inversión pública por parte de la Federación.

La primera infancia concentra en México los mayores niveles de pobreza y una de las menores prioridades presupuestales del Estado. Foto: Jafet Moz.

La primera infancia concentra en México los mayores niveles de pobreza y una de las menores prioridades presupuestales del Estado. Foto: Jafet Moz.

Las consecuencias de este abandono no son facturas que se paguen al momento; se saldarán en las próximas dos o tres generaciones en forma de bajo rendimiento escolar, violencia social, menor productividad económica y enfermedades crónico-degenerativas de alto costo.

El abandono de la primera infancia, la deuda más cara

Las investigaciones en salud infantil lo repiten desde hace más de dos décadas: los primeros 1,000 días —desde la gestación hasta los dos primeros años— son el periodo más determinante en el desarrollo cognitivo, emocional y físico de un ser humano.

Según el informe conjunto de Coneval y Unicef, publicado en octubre de 2024, el 48.1% de las niñas y niños de 0 a 5 años vive en condiciones de pobreza en México.

Se trata de al menos 3.9 millones de bebés y niños pequeños atrapados en la marginación durante la etapa más crítica de su desarrollo. Redim registra, además, que la pobreza en la primera infancia es la más alta de todos los grupos etarios del país.

Datos del CIEP confirman la magnitud del problema desde el punto de vista presupuestal: los recursos federales destinados a la primera infancia cayeron 1.1% anual durante los últimos 12 años. Para 2025, México apenas destinó 24 mil 200 millones de pesos a programas para el cuidado exclusivo de ese grupo de edad.

De esa cantidad, el 83% se concentró en el IMSS y el ISSSTE, instituciones a las que sólo tienen acceso los trabajadores del sector formal. El resto, la masa que vive del empleo informal y que es la más vulnerable, está fuera de ese esquema. Si se observa en relación con el PIB, la cifra apenas alcanza 0.6%.

Especialistas y organismos han advertido que el abandono de la primera infancia tendrá costos sociales, educativos y de salud por generaciones. Foto: Jafet Moz.

Especialistas y organismos han advertido que el abandono de la primera infancia tendrá costos sociales, educativos y de salud por generaciones. Foto: Jafet Moz.

El Pacto por la Primera Infancia advirtió que esa inversión ubica a México entre los países de Latinoamérica que menos invierten en niñas y niños. Además, el país ocupa el último lugar de la OCDE en inversión por alumno en educación inicial. Mientras México destina unos 2 mil 790 dólares por estudiante hasta los 5 años, países como Luxemburgo invierten hasta 31 mil dólares.

Desmantelando lo que funcionó

Que México llegara a estas cifras no fue un proceso súbito ni involuntario. Se trató de una decisión de política pública de consecuencias medibles, resultado de un desmantelamiento sistemático.

Durante décadas, IMSS e ISSSTE sostuvieron un sistema de atención a la infancia temprana con guarderías, clínicas pediátricas, programas de vacunación y control nutricional que, aunque nunca logró cobertura universal, sí protegió a generaciones enteras de trabajadores y sus familias.

La erosión fue gradual. En 2009, el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, cobró la vida de 49 menores y marcó el punto de quiebre del programa de Guarderías Subrogadas del IMSS. Hoy sobreviven apenas unas mil 190, con severos problemas financieros.

El golpe más severo llegó con la eliminación del Programa de Estancias Infantiles, creado en 2017 con más de 9 mil espacios y cobertura superior a 300 mil infantes. En su lugar, el gobierno federal impulsó el Programa de Apoyo para el Bienestar de Niñas y Niños Hijos de Madres Trabajadoras, basado en transferencias bimestrales. Para el cierre de 2025, ese programa atendió a 269 mil 404 niños, con una inversión de 3 mil 67 millones de pesos.

Sin embargo, el cambio no resolvió un problema de corrupción, sino que trasladó de regreso a los hogares la responsabilidad del cuidado, especialmente a madres y abuelas. De acuerdo con el Early Institute, mientras la pobreza monetaria disminuyó entre 2018 y 2024, la carencia por acceso a servicios de salud se incrementó 115%, siendo la primera infancia la más afectada.

Nuevo León, la excepción que puede replicarse

El caso de la atención a la primera infancia en Nuevo León resulta revelador y puede ser retomado por otras administraciones estatales.

En 2022, el gobierno estatal puso en marcha una estrategia integral con el Programa Especial para la Primera Infancia, a través de la Comisión para la Familia y Derechos de la Primera Infancia, con resultados verificables.

Uno de ellos es la red estatal de lactarios. En julio de 2023, Nuevo León inauguró sus primeros espacios en Palacio de Gobierno, Torre Administrativa y Pabellón Ciudadano; un año después, la red ya contaba con 84 lactarios y salas de lactancia. Antes de que concluyera 2024, el programa “Alimentar con Amor” llegó a los 51 municipios con un total de 158 espacios distribuidos en instituciones públicas, privadas y empresas.

Los primeros años de vida siguen marcados por la desigualdad, la baja inversión y el debilitamiento de las redes de cuidado. Foto: Jafet Moz.

Los primeros años de vida siguen marcados por la desigualdad, la baja inversión y el debilitamiento de las redes de cuidado. Foto: Jafet Moz.

En México, sólo el 35.9% de l as mujeres proporciona exclusivamente leche materna a sus bebés durante los primeros seis meses, por lo que estos lactarios no son una concesión, sino infraestructura que incide directamente en ese indicador y en el bienestar de las madres trabajadoras.

Además, en el estado se aplicó la estrategia “Hambre Cero: Primeros 1,000 días” para combatir la pobreza alimentaria en menores de 0 a 5 años, reduciéndola en 50% y con impacto directo en más de 200 mil mujeres. También se reabrieron más de 100 estancias infantiles en 18 municipios para apoyar a 4 mil 600 mujeres y sus hijos, con el compromiso de reabrir 100 más.

Estos programas tienen respaldo presupuestal, reglas de operación y mecanismos de evaluación. No son retórica. Nuevo León presenta una de las tasas de pobreza infantil más bajas del país: 17.3%, frente a un promedio nacional de 41.9%.

Eso demuestra que garantizar seguridad alimentaria, acceso a salud y educación en la primera infancia no es una cuestión de geografía ni de economía, sino de política pública enfocada al desarrollo, porque los primeros años de vida no se recuperan jamás.

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