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VIDEO | “Hospital de Calzado Panchito”, donde ser zapatero es tradición de casi 90 años

Desde 1940, la familia Castillo ha mantenido vivo el oficio de reparar calzado en un pequeño taller del Centro Histórico.


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En un pequeño local de la calle Delicias, en el Centro de la Ciudad de México, el tiempo parece haberse quedado atrapado entre zapatos, agujetas, restos de resistol sobre la mesa, pedazos de cuero y máquinas que han acompañado a una familia durante décadas.

Ahí se encuentra el “Hospital de Calzado Panchito”, un negocio donde reparar zapatos no es únicamente una actividad económica, sino un oficio que ha pasado de generación en generación desde 1940.

Julio César Castillo Hernández y su hijo, Fernando Castillo Sánchez, continúan una tradición familiar que está cerca de cumplir nueve décadas. Ambos aprendieron el oficio desde pequeños, observando y trabajando en el mismo espacio que antes ocuparon su abuelo, padre y bisabuelo.

Ya han pasado casi 90 años desde que la familia Castillo  se dedica a la reparación de calzado.| Foto: Laura Ávila

Ya han pasado casi 90 años desde que la familia Castillo se dedica a la reparación de calzado.| Foto: Laura Ávila

El taller no intenta aparentar ser algo que no es. Sus propietarios han decidido conservarlo prácticamente como siempre ha sido, sin grandes remodelaciones y manteniendo incluso la pintura que lo ha acompañado desde sus inicios.

A una calle del Metro Salto del Agua, entre Buen Tono y Aranda, el local sigue recibiendo zapatos que llegan buscando una segunda oportunidad.

¿Cómo comenzó la historia del Hospital de Calzado Panchito?

La historia familiar como zapateros comenzó en León, Guanajuato, de donde era originario el abuelo de Julio César. En sus primeros años, el negocio no se dedicaba a reparar zapatos, sino a fabricarlos desde cero y a la medida.

Julio César Castillo Hernández  compartió su conocimiento a su hijo, después de que su padre le enseñara el oficio.| Foto: Laura Ávila

Julio César Castillo Hernández compartió su conocimiento a su hijo, después de que su padre le enseñara el oficio.| Foto: Laura Ávila

Fue en 1940 cuando abrió el taller pero con el paso del tiempo el giro se fue transformando, una vecina que trabajaba en la zona acudió para solicitar una reparación y, poco a poco, el rumbo del negocio comenzó a cambiar.

La elaboración de zapatos nuevos quedó atrás y las reparaciones se convirtieron en el corazón del establecimiento.

Para Julio César, la historia del oficio también está ligada a su propia infancia. Aunque comenzó a dedicarse formalmente al trabajo después de terminar la preparatoria, asegura que desde niño estuvo rodeado de zapatos, herramientas y enseñanzas familiares.

“Mi familia, principalmente mi abuelo era de León, y hacían zapato nuevo. En sí este taller empezó haciendo zapatos a la medida, pero con el paso del tiempo ya no”, recuerda.

¿Qué ocurre cuando un oficio se aprende desde niño?

Julio César nació prácticamente entre el trabajo del taller. Después de terminar la preparatoria, alrededor de 1988, comenzó a dedicarse de lleno al oficio, aunque el aprendizaje había iniciado muchos años antes con su abuelo y su padre.

Ahora es Fernando, su hijo, quien representa la cuarta generación de la familia dedicada al trabajo zapatero.

Aunque lleva alrededor de dos años trabajando de lleno en el oficio, Fernando también creció dentro del negocio. Para él, aprender a reparar zapatos fue algo que comenzó desde pequeño.

“Dedicándome al 100% la verdad poco, unos dos años, más o menos. Pero como es negocio de mi papá y antes de mi abuelo, pues desde chiquito estuve aprendiendo”, explica.

Para Fernando, continuar con el oficio también representa una posibilidad de ayudar a otras personas, especialmente a quienes prefieren reparar un par de zapatos antes que enfrentar el gasto de comprar unos nuevos.

Principalmente me motiva poder ayudar a las personas, ayudar a su calzado. A veces algunas personas no tienen mucho presupuesto como para comprarse unos tenis nuevos, entonces reparar el calzado es muy, muy gratificante”, señala.

¿Qué ha cambiado en el mundo de los zapatos?

Después de décadas en el oficio, Julio César ha sido testigo de los cambios en los materiales y en la forma en que las personas consumen calzado.

Uno de los principales cambios, considera, ha sido la llegada de zapatos económicos que provocan que, en algunos casos, las personas prefieran comprar un par nuevo antes que invertir en una reparación.

“Principalmente los materiales y los zapatos que vienen, muchos zapatos chinos, y eso es lo que le ha puesto en la torre a casi a todo. Porque son zapatos muy económicos y la gente luego, en lugar de repararlos, prefiere comprarse unos nuevos”, comenta.

Sin embargo, asegura que el trabajo no ha desaparecido. Por el contrario, los clientes que invierten en calzado de buena calidad siguen acudiendo al taller para prolongar la vida de sus zapatos.

Fernando Castillo Sánchez también se involucra en el negocio familiar.| Foto: Laura Ávila

Fernando Castillo Sánchez también se involucra en el negocio familiar.| Foto: Laura Ávila

Para él, la recomendación es apostar por un calzado de mejor calidad que pueda ser reparado y utilizado durante más tiempo.

“No, no porque personas que precisamente se compran zapatos buenos sí nos traen mucho, mucho, a la reparación que les conviene”, nos responde al ser cuestionado sobre si ha disminuido la demanda.

 

¿Qué tan difícil puede ser reparar un zapato?

Aunque en el taller han aprendido a adaptarse a distintos tipos de calzado, existen trabajos que todavía exigen paciencia y, sobre todo, trabajo manual.

Algunas suelas demasiado gruesas no pueden pasar por las máquinas, por lo que las costuras deben realizarse completamente a mano.

Julio César muestra una bota de trabajo y explica que la parte delantera tuvo que ser cosida de esta manera. El proceso le tomó cuatro días.

“Me tardé cuatro días, cuatro días por las costuras que te digo que tienes que estar midiendo y el esfuerzo de estar cosiendo a mano para que quede bien, la costura bien apretada con los dedos”, relata.

Fernando coincide en que las costuras a mano pueden ser de los trabajos más laboriosos. También menciona la reparación de mochilas o bolsas, donde el reto consiste en lograr que la intervención sea lo menos visible posible.

¿Cuánto cuesta darle una segunda vida a un par de zapatos?

Los precios dependen del tipo de reparación, aunque Julio César explica que el cambio de suela completa para un calzado puede costar entre 380 y 400 pesos.

Un trabajo de este tipo puede tomar alrededor de dos días, mientras que otras reparaciones más complejas pueden requerir mucho más tiempo, especialmente cuando es necesario recurrir a las costuras hechas a mano.

En el “Hospital de Calzado Panchito” no se trata solamente de reparar por cumplir con una entrega, asegura Fernando, sino de realizar trabajos personalizados para cada cliente.

Ahora tres generaciones mantienen la reparación de calzado como un oficio que busca mantener la tradición.| Foto: Laura Ávila

Ahora tres generaciones mantienen la reparación de calzado como un oficio que busca mantener la tradición.| Foto: Laura Ávila

“Principalmente la calidad de los trabajos, que no solamente se hacen trabajos por entregar o por nada más algo de remuneración económica, sino que se hace algo muy personalizado hacia el cliente que lo necesita y principalmente utilizando los mejores materiales que están a nuestra disposición”, afirma.

¿Qué mantiene vivo a un oficio de casi 90 años?

Entre las herramientas del taller hay máquinas alemanas que, según Julio César, han acompañado al negocio prácticamente desde sus primeros años.

Con mantenimiento constante, asegura, continúan funcionando y nunca se han descompuesto.

Son parte de un espacio que ha decidido conservar sus raíces. El taller sigue siendo un lugar de trabajo en el sentido más literal: zapatos esperando reparación, materiales sobre las mesas y las marcas de décadas dedicadas al oficio.

Para Julio César, una de las mayores satisfacciones no está necesariamente en terminar un trabajo, sino en observar la reacción de quienes regresan por su calzado.

“Casi siempre es de saber que los clientes se van bien, con su calzado bien hecho y eso, el agradecimiento de las personas que vienen a reparar su calzado, que se van contentas y felices”.

- Julio César.

Casi 90 años después de que el bisabuelo de Fernando abriera el negocio, el “Hospital de Calzado Panchito” sigue haciendo lo mismo que aprendió a hacer con el paso de las generaciones.

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