El Día de las Madres mueve miles de millones de pesos en México, pero detrás de flores y regalos persisten jornadas invisibles, desigualdad laboral y cuidados no remunerados.
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La celebración del Día de las Madres en México es la segunda gran temporada de ventas del año, después de Navidad. Lo que hasta hace tres décadas era una fecha principalmente familiar, hoy se convirtió en un escaparate comercial: el 10 de mayo genera 88 mil millones de pesos para marcas, restaurantes y florerías.
Sin embargo, para millones de madres mexicanas, las jornadas laborales siguen siendo invisibles incluso para sus propias familias. Sus salarios continúan castigados frente a los de sus pares hombres y la desigualdad social que enfrentan no se cubre con flores. Ni siquiera ese día.
“¿Celebrar? Yo lo que quiero es dormir. Un día entero, sin que nadie me esté chingando sería mi mejor regalo”, dice Rosaura Gómez Pérez, jefa de enfermeras en el Hospital La Margarita del IMSS, en Puebla.
Su rutina comienza poco después de las 5:30 de la mañana. Prepara desayunos, uniforme de su hija en primaria, despierta a su hijo universitario y sale de casa antes de las 7:00. A las 7:30 ya está registrando su entrada en el hospital. Su jornada laboral y familiar termina cerca de las 11 de la noche.
“Ese es el primer estrés de la mañana. Llegando al hospital están los médicos iracundos que exigen todo sin proporcionar los materiales necesarios; pacientes irresponsables que no llevan sus tratamientos, y cuando llegan aquí porque ya están graves, nos acusan de que nosotros los matamos”, relata.
Rosaura, divorciada desde hace ocho años, resume la paradoja de muchas madres: le gustan las flores y que la lleven a comer, pero a veces sólo quisiera un día para ella.
La celebración del año pasado dejó una derrama económica superior a los 88 mil millones de pesos en el país, de acuerdo con la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, con un incremento de 10% respecto a 2024.
La cifra involucra a unas 5 millones de unidades económicas entre restaurantes, florerías, pastelerías, tiendas departamentales, joyerías y plataformas digitales, con gastos que van de los 500 a los 5 mil pesos por persona.
Las flores son uno de los símbolos más visibles del Día de las Madres, que reflejan el peso comercial de una celebración que no alivia sus cargas cotidianas. Foto: Jafet Moz.
Pero esos números contrastan con otra cifra: 40.9 horas semanales, en promedio, que las mujeres mexicanas dedican al trabajo no remunerado de cuidados, ya sea de hijos, padres ancianos o familiares enfermos. A eso se suman las jornadas formales de 40 horas o más, y hasta 60 horas semanales en trabajos informales.
En contraste, los hombres destinan en promedio 19.5 horas semanales a labores del hogar o cuidados. Dicho de otra forma: por cada hora de trabajo no remunerado que realiza un hombre, las mujeres dedican casi tres.
Los datos exhiben una lógica comercial donde parece que quien no gasta no ama a su mamá o pareja. Esa idea se reproduce en festivales escolares, colectas laborales y festejos donde el amor se mide en esfuerzo, y el esfuerzo, en dinero.
Cerca de las 10 de la noche del viernes 24 de abril, Xóchitl, influencer poblana de TikTok e Instagram, seguía grabando contenido para una campaña del Día de las Madres.
Acudió a un curso de pizzas artesanales en el Centro Histórico de Puebla, donde invirtió 450 pesos. No lo hizo para dedicarse a cocinar, sino para generar contenido: grabó el proceso, las pizzas de sus compañeros y la suya, que quedó cuadrada.
“¿Quieres festejar a mamá con algo original y no tienes mucho dinero? Te enseño a hacer pizza en casa”, era uno de los títulos tentativos de su campaña.
La maternidad también se vive desde los servicios de salud, donde el acceso oportuno y prevención siguen siendo claves para millones de mujeres. Foto: Jafet Moz.
A sus 32 años, Xóchitl afirma que no necesita empleo formal; le basta con seguir creando contenido para vivir con cierta holgura y darle a su hijo de 9 años lo que el padre que los abandonó no quiere aportar.
“Hay días en que quiero dejarlo todo, huir, pero mi niño me necesita, lo hago todo por él”, dice. Para el 10 de mayo no planea festejo: tiene mucho contenido que grabar, aunque después espera ir con su hijo a algún lugar con alberca.
En Monterrey, María Quiróz lamenta cada vez con más frecuencia no haber sido madre. No por falta de deseo, sino porque la naturaleza jugó en contra. Hoy rebasa los 45 años y perdió la esperanza de vivir la maternidad.
En cambio, cuida a su madre, quien roza los 70 años y quedó con severos problemas de movilidad tras un accidente automovilístico. Viven solas en Escobedo, entre falta de agua, empleos temporales y el alto costo de vida.
Aun así, el 10 de mayo no pasará desapercibido. Llegarán hermanas, tías y mujeres de la familia para celebrar a “la Tatis”, como le dicen de cariño a su mamá. “Una carnita asada es lo más seguro”, cuenta.
Globos, flores, chocolates y detalles llenan los días previos al 10 de mayo, una fecha que mezcla afecto familiar con el consumismo. Foto: Jafet Moz.
Nuevo León es el segundo estado del país con mejores condiciones para que las mujeres accedan y permanezcan en el mercado laboral, de acuerdo con el IMCO. Sin embargo, Monterrey sigue siendo una ciudad de contrastes.
En zonas de alto ingreso como San Pedro Garza García o el sur de Monterrey, algunas madres celebran con cenas de alta cocina o sesiones de spa que pueden superar los 5 mil pesos por persona. En municipios como Apodaca, Escobedo o Juárez, los festejos suelen ser más discretos: comida compartida, pastel y algún ramo comprado en un crucero.
En 2025, el gobierno de Nuevo León lanzó el programa “Ayudamos a las Mujeres”, que otorga 2 mil pesos mensuales a madres jefas de familia en situación de pobreza, además de capacitación laboral.
El 10 de mayo de pobreza extrema en los Altos de Chiapas
En San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el 10 de mayo no es una fecha de restaurantes ni flores para la mayoría de mujeres tzeltales y tzotziles que recorren el Pueblo Mágico vendiendo artesanías, café, chocolate o comida callejera.
Para ellas, la maternidad representa una actividad de alto riesgo que el Estado mexicano no ha logrado resolver. La fecha es ajena a muchos usos y costumbres indígenas; ahí el marketing pesa menos que las parteras locales, indispensables ante la falta de cobertura suficiente en servicios de salud.
El Día de las Madres se celebra alrededor de la mesa, entre generaciones de mujeres que sostienen redes de cuidado, afecto y memoria. Foto: Jafet Moz.
Más que celebrar, muchas mujeres deben cargar leña, cuidar hijos, preparar comida, enfrentar el alcoholismo de sus parejas y esperar el siguiente embarazo.
En los Altos de Chiapas, las mujeres indígenas tienen tres veces más riesgo de morir por causas relacionadas con la maternidad que las mujeres no indígenas, con mayor número de casos en San Cristóbal de las Casas, según cifras de la Secretaría de Salud federal.
En 2025, Chiapas redujo 12.19% la mortalidad materna respecto a 2024 tras un convenio con la Organización Panamericana de la Salud. Aun así, el INEGI ubica al estado en primer lugar nacional en embarazo adolescente, mientras mujeres indígenas de municipios como Chenalhó, Oxchuc y San Juan Cancuc siguen enfrentando embarazos sin acceso suficiente a servicios médicos.