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FOTOS | Antes de la IA así era presentar el examen de ingreso a la UNAM en el Estadio Azteca

De 1969 a finales de los 80 aplicaban miles de pruebas para bachillerato en el recinto más popular de la capital.

Cada jornada de aplicación reunía hasta 15 mil aspirantes. Foto: Canva
Cada jornada de aplicación reunía hasta 15 mil aspirantes. Foto: Canva

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Mucho antes de los exámenes en línea y los resultados digitales, ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México era toda una experiencia que comenzaba de madrugada y tenía como escenario uno de los recintos deportivos más emblemáticos del país: el Estadio Azteca.


¿En qué año comenzaron a aplicar exámenes en el Estadio Azteca?

Durante casi dos décadas, entre 1969 y finales de los años ochenta, el llamado Coloso de Santa Úrsula dejó de ser únicamente la casa del futbol mexicano para convertirse en una gigantesca aula donde miles de jóvenes competían por un lugar en el bachillerato de la máxima casa de estudios.

Cada jornada de aplicación reunía hasta 15 mil aspirantes, mientras que a lo largo de una semana podían evaluarse más de 80 mil estudiantes que buscaban ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) o al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH).

¿Cómo era el Estadio Azteca en tiempo de exámenes de la UNAM?

Las imágenes de aquellas jornadas quedaron grabadas en la memoria de generaciones enteras. Las gradas del estadio lucían completamente ocupadas, pero nadie observaba la cancha.


En su lugar, miles de adolescentes permanecían concentrados resolviendo un examen que podía extenderse por más de cuatro horas, bajo la supervisión de decenas de aplicadores distribuidos entre los asientos.

Desde antes del amanecer comenzaban a formarse largas filas en los accesos del estadio. Padres, madres y familiares acompañaban a los aspirantes hasta la entrada y esperaban durante horas en el exterior, mientras los jóvenes enfrentaban una de las pruebas más importantes de su vida académica.

¿Cuáles eran las reglas para el examen en el Estadio Azteca?

Presentar el examen de admisión en aquella época implicaba una logística muy diferente a la actual. Semanas antes, los aspirantes debían acudir personalmente a entregar su documentación en oficinas ubicadas sobre avenida del Imán, al sur de la Ciudad de México.

El día de la evaluación no había margen para errores. Quien olvidaba algún documento difícilmente podía regresar por él antes del inicio de la prueba. 

Los estudiantes se sentaban directamente sobre el concreto de las gradas y únicamente podían tener consigo un portapapeles proporcionado por los organizadores, además de un lápiz 2B o B y una goma.

El silencio dominaba el estadio. De acuerdo con testimonios de la época, solo el sonido de las cámaras fotográficas interrumpía ocasionalmente la concentración de miles de aspirantes separados por varios asientos para evitar cualquier intento de copiar.

¿Qué sucedía después de hacer el examen de la UNAM?

Aunque el Estadio Azteca fue la sede más recordada, la UNAM también llegó a aplicar exámenes en otros espacios como la Sala de Armas y auditorios de universidades privadas.

En todos los casos existía una estricta vigilancia. Los supervisores advertían a quienes intentaban copiar y, tras una tercera llamada de atención, retiraban el examen, con lo que el aspirante perdía la oportunidad de ingresar a la universidad.

Antes de la llegada de internet, los resultados se enviaban por correo postal. Muchos aspirantes recuerdan la emoción —o la desilusión— al recibir el sobre en casa. 

Una carta pequeña significaba que habían sido aceptados y contenía la bienvenida oficial a la UNAM; en cambio, un sobre más grande indicaba que la institución devolvía la documentación porque no se había obtenido un lugar.

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