Durango

Los nombres que los pueblos originarios dejaron en el mapa de Durango y seguimos usando sin saber qué significan

En Durango, algunos nombres vienen de lenguas indígenas y sobrevivieron al paso de la conquista y la transformación de los pueblos

Los nombres que los pueblos originarios dejaron en el mapa de Durango | FOTO: Imagen ilustrativa
Los nombres que los pueblos originarios dejaron en el mapa de Durango | FOTO: Imagen ilustrativa

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Cada vez que un duranguense dice Canatlán, Mapimí, Poanas o Tepehuanes está pronunciando palabras que guardan siglos de historia.

Algunos de esos nombres vienen de lenguas indígenas y sobrevivieron al paso de la conquista, la colonización y la transformación de los pueblos, aunque con el tiempo sus significados originales se fueron perdiendo o quedaron rodeados de distintas interpretaciones.

Los nombres que los pueblos originarios dejaron en el mapa de Durango y que seguimos usando sin saber qué significan

La toponimia —el estudio del origen y significado de los nombres de lugares— permite descubrir que el mapa actual de Durango también conserva una parte de las lenguas y culturas que existían en el territorio antes de la llegada de los españoles.

No todos los nombres de municipios tienen este origen, pero varios de los más conocidos sí tienen raíces indígenas o están relacionados con pueblos originarios que habitaron la entidad.

Canatlán: un nombre relacionado con el agua

Uno de los ejemplos más conocidos está al norte de la capital. Canatlán es un nombre de origen náhuatl que ha sido interpretado a partir de sus componentes can, relacionado con “lugar” o “nido”; atl, agua, y tlan, que puede expresar abundancia o lugar.

El propio municipio señala como significado “nido de tierra junto al agua” o “nido de tierra y agua”. También existe otra interpretación que relaciona el nombre con canauhtlan, asociado con patos y abundancia.

Esto significa que detrás del nombre que hoy asociamos con las manzanas de Canatlán existe una referencia mucho más antigua al paisaje y al agua de la región.

Mapimí conserva una palabra de los pueblos del desierto

En el extremo norte del estado aparece otro nombre que tiene una historia todavía más antigua.

La Secretaría de Turismo federal señala que Mapimí procede de “Mapeme”, palabra de origen cocoyón que significa “cerro elevado” o “piedra en alto”. La región estuvo habitada antes de la llegada de los españoles por pueblos indígenas como los tobosos y cocoyomes.

El nombre sobrevivió incluso después de que el territorio se incorporara a la estructura colonial y posteriormente al estado de Durango.

Así, cuando se habla de Mapimí no solamente se está mencionando uno de los Pueblos Mágicos de Durango: también se está utilizando una palabra relacionada con las poblaciones que habitaron aquella región desértica mucho antes de la fundación española del asentamiento.

Poanas: un significado que no está completamente cerrado

El caso de Poanas resulta todavía más interesante porque no existe una certeza absoluta sobre su significado.

Una versión documentada sostiene que el nombre deriva de Ylapohuana, palabra de origen náhuatl interpretada como “Madre de Sauces”. Con el paso del tiempo, la palabra habría evolucionado en distintas formas —La Puana, La Poana, Las Poanas— hasta llegar al nombre actual.

Pero también existe una explicación popular que relaciona Poanas con una supuesta “tierra de brujas”.

La diferencia es importante: una cosa es un significado respaldado por referencias históricas y lingüísticas y otra una tradición oral que se ha transmitido entre generaciones.

Tepehuanes: “los que habitan” y el nombre que les dieron desde fuera

Quizá uno de los casos más importantes para entender la historia indígena de Durango es Tepehuanes.

El nombre “tepehuán” no es la forma en que este pueblo se denomina a sí mismo. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas explica que los tepehuanes del sur se autonombran o'dam, palabra que significa “los que habitan”.

El término “tepehuán” es de origen náhuatl y se ha interpretado como relacionado con tépetl, cerro, y una partícula posesiva; de ahí la interpretación de “dueños de cerros”. También existe otra propuesta etimológica relacionada con “conquistador” o “vencedor en batalla”.

Los o'dam habitan principalmente en el sur de Durango, particularmente en municipios como Mezquital y Pueblo Nuevo, dentro de una región donde existen comunidades ancestrales que conservan sus propias lenguas y tradiciones.

Por eso, el nombre de Tepehuanes tiene una historia doble: es el nombre con el que históricamente se identificó a este pueblo desde fuera y, al mismo tiempo, permite recordar que ellos tienen una manera propia de nombrarse.

Los nombres indígenas no desaparecieron: cambiaron de lugar y de forma

La presencia de lenguas indígenas en el mapa duranguense no se limita a los nombres de los municipios.

El catálogo del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas registra localidades de Durango vinculadas con comunidades de habla tepehuana del sur y mexicana, especialmente en regiones como Mezquital y Pueblo Nuevo. Entre ellas aparecen nombres como Taxicaringa, Ocotán, Milpillas, Xícoras y otros que forman parte del territorio donde continúan viviendo comunidades indígenas.

De hecho, investigaciones sobre la toponimia tepehuana del sur de Durango han encontrado que los nombres de lugares pueden reflejar características del paisaje, relaciones sociales, vínculos con deidades y ancestros, e incluso acontecimientos de un pasado tan remoto que actualmente resulta difícil descifrar su significado original.

Eso convierte al mapa en algo más que una representación geográfica. También es una especie de archivo.

Un mapa que todavía habla de quienes estuvieron aquí antes

Durango cambió de nombre, de fronteras, de caminos y de poblaciones muchas veces a lo largo de su historia. Llegaron los españoles, se establecieron misiones, surgieron reales de minas y posteriormente se formaron los municipios que conocemos actualmente.

Sin embargo, algunas palabras permanecieron.

Canatlán continúa siendo Canatlán. Mapimí sigue siendo Mapimí. Poanas conserva una palabra cuya historia se remonta varios siglos. Y Tepehuanes mantiene en su nombre la referencia a uno de los pueblos originarios fundamentales para comprender la historia del estado.

Quizá por eso la próxima vez que un duranguense atraviese el estado y vea uno de estos nombres en un señalamiento carretero, valga la pena detenerse un momento.

Porque algunos nombres de lugares no solamente indican dónde estamos. También pueden contar quiénes estuvieron aquí antes que nosotros.


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