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Durango

Así publicitan ahora a este importante museo de Durango cuyo nombre oficial nadie usaba

El nombre popular de este museo de Durango es parte, no solo de su identidad, sino del cariño colectivo de los duranguenses

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En Durango hay edificios históricos cuyos nombres oficiales son ampliamente conocidos, pero también existen lugares que han sido bautizados por el cariño popular hasta el punto de que el nombre coloquial termina imponiéndose sobre el institucional.

Ese es precisamente el caso del Museo Regional de Durango "José Ángel Rodríguez Solórzano", uno de los recintos culturales más importantes del estado, pero que para prácticamente todos los duranguenses es, simplemente, "el Museo del Aguacate".

Así publicitan ahora a este importante museo de Durango cuyo nombre oficial nadie usaba

Durante años, la administración del museo y diversas instituciones culturales insistieron en promover su nombre oficial. Luego, se promovió simplemente como "Museo Regional de Durango".

Sin embargo, recientemente las propias redes sociales del recinto han comenzado a utilizar la denominación "Museo del Aguacate", una señal que muchos interpretan como el reconocimiento de una realidad que lleva décadas arraigada en la memoria colectiva de los habitantes de Durango.

¿Por qué se le conoce como "Museo del Aguacate"?

El origen de este popular sobrenombre es sencillo y entrañable. En el jardín de la histórica casona donde se ubica el museo crece un árbol de aguacate que se convirtió en uno de los elementos más distintivos del inmueble.

Con el paso de los años, visitantes y ciudadanos comenzaron a referirse al edificio como "la Casa del Aguacate" o "el Museo del Aguacate", hasta que el apodo terminó siendo más conocido que el propio nombre oficial.

Un nombre que es parte de la identidad popular de este edificio histórico

Aunque oficialmente continúa siendo el Museo Regional de Durango "José Ángel Rodríguez Solórzano", perteneciente a la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), parece que la institución ha comprendido que el nombre popular no representa una falta de identidad.

Por el contrario: es una muestra del profundo vínculo que existe entre el museo y la comunidad duranguense.

¿Qué edificio alberga el Museo del Aguacate de Durango?

Ubicado en la esquina de las calles Victoria y Aquiles Serdán, en pleno Centro Histórico de la ciudad de Durango, el museo ocupa una elegante casona construida a finales del siglo XIX.

Su arquitectura afrancesada refleja la influencia europea que predominó durante el Porfiriato y destaca por sus detalles ornamentales, balcones, jardines y espacios interiores que evocan las residencias señoriales de aquella época.

La propiedad perteneció originalmente a Francisco Gómez Palacio, quien fue gobernador del estado entre 1880 y 1883. A lo largo de su historia también funcionó como biblioteca, juzgado, escuela, presidencia municipal y sede del Supremo Tribunal de Justicia antes de convertirse en museo.

Tanto la arquitectura del inmueble como sus increíbles exhibiciones destacan en la cultura duranguense

Más allá de la belleza de su edificio, el recinto resguarda una parte fundamental de la historia duranguense. Sus salas muestran aspectos geológicos, arqueológicos, históricos y culturales de la entidad, permitiendo a los visitantes recorrer distintas etapas del desarrollo regional.

Entre sus colecciones destacan documentos históricos, mobiliario antiguo, pinturas, piezas arqueológicas, objetos relacionados con la época colonial, la Reforma, la Revolución Mexicana y la cultura de los pueblos originarios. También alberga exposiciones temporales, biblioteca, archivo histórico, hemeroteca y auditorio.

Su nombre popular es parte de su historia

Quizá por eso el caso del Museo del Aguacate resulta tan especial. Pocos lugares logran que una ciudad entera les otorgue un nombre propio y que éste sobreviva por generaciones.

Hoy, cuando el propio museo comienza a adoptar en sus publicaciones el sobrenombre con el que siempre lo han identificado los duranguenses, parece confirmarse algo que la gente sabía desde hace mucho tiempo: los nombres oficiales aparecen en los documentos, pero los nombres que nacen del cariño popular terminan formando parte de la historia.


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