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El 5 de octubre de 1972, cuando la ciudad tenía alrededor de 180 mil habitantes, las sirenas comenzaron a escucharse por distintos puntos. Los rumores se transformaron rápidamente en angustia y, poco después, en una certeza que estremeció a toda la población: un tren procedente de Real de Catorce, San Luis Potosí, había sufrido un aparatoso accidente a pocos kilómetros de llegar a Saltillo.
El convoy transportaba a familias enteras, grupos de peregrinos y habitantes de distintas comunidades y colonias de Saltillo que, año con año, realizaban este viaje de fe. Para muchos, aquella peregrinación era una tradición profundamente arraigada: asistir a la fiesta patronal, cumplir una promesa, agradecer un favor o pedir la protección de San Francisco.
El 5 de octubre de 1972, cuando la ciudad tenía alrededor de 180 mil habitantes, las sirenas comenzaron a escucharse por distintos puntos tras el fatal incidente / Foto: Leslie Delgado
Pasadas las 23:00 horas, el tren ingresó al tramo conocido como Carneros, en una pendiente pronunciada. El convoy perdió el control, varios vagones se descarrilaron y algunos terminaron incendiándose cerca de Puente Moreno.
Faltaban aproximadamente siete kilómetros para llegar a su destino.
Siete kilómetros.Esa distancia separaba a los pasajeros de Saltillo y sus hogares cuando la tragedia ocurrió.
¿Cómo salió Saltillo a buscar a sus seres queridos?
La magnitud del accidente pronto rebasó la capacidad de los servicios de emergencia.
Las ambulancias comenzaron a trasladar heridos, pero no eran suficientes. Entonces los propios habitantes de Saltillo se convirtieron en rescatistas improvisados.
Llegaron en automóviles y camionetas. Ayudaron a sacar sobrevivientes de entre los fierros retorcidos. Transportaron heridos, auxiliaron a los cuerpos de emergencia y participaron en la recuperación de víctimas.
El olor a humo y carne quemada quedó grabado en la memoria de quienes llegaron al sitio.
El convoy transportaba a familias enteras, grupos de peregrinos y habitantes de distintas comunidades y colonias de Saltillo / Foto: Leslie Delgado
Un reporte de inteligencia del gobierno mexicano daba cuenta de mil 11 pasajeros heridos que eran atendidos en hospitales de Saltillo y Monterrey, mientras que hasta ese momento habían sido recuperados 152 cadáveres.
La cifra de víctimas fue cambiando conforme avanzaron las labores de rescate y recuperación.
Pero detrás de cada número había una historia.
Y algunas de esas historias sobrevivieron durante más de cinco décadas.
¿Qué recuerda José de la tragedia cuando tenía cuatro años?
José tenía apenas cuatro años cuando abordó aquel tren.
Viajaba acompañado por familiares. Entre ellos estaban su abuela Berta y su hermana gemela, Eva.
La intención original era que el pequeño viajara con su abuela, pero su hermana insistió en acompañarlo. Finalmente, ambos terminaron en el viaje.
Un reporte de inteligencia del gobierno mexicano daba cuenta de mil 11 pasajeros heridos que eran atendidos en hospitales de Saltillo y Monterrey / Foto: Archivo
José recuerda poco de la peregrinación a Real de Catorce. Su memoria comienza a reconstruir la historia a partir del regreso, después de la fiesta patronal de San Francisco.
Después, el tren. Los golpes. Los gritos. El movimiento violento de los vagones.
Su abuela reaccionando rápidamente para protegerlos. Los tres quedaron atrapados entre los asientos. La mujer logró sacar primero a Eva y después a José por una ventana.
—Salta.
Eso fue lo que recuerda haber escuchado.
José cayó al exterior.
Durante años creyó que había terminado dentro de una zanja. Cuando regresó al sitio, décadas después, descubrió que en realidad había caído en un vado.
Pero hay un momento de su recuerdo que nunca pudo explicar completamente.
Estaba en el suelo, sin poder salir, cuando apareció una persona.
Desde niño la describió de una manera particular: un hombre con barba, huaraches y una especie de túnica o vestimenta sencilla.
El hombre extendió la mano.
José recuerda que le dijo que fuera con su abuela.
Y lo llevó hasta ella.
A bordo viajaban cientos de feligreses y devotos que habían acudido a Real de Catorce para participar en las celebraciones religiosas dedicadas al santo / Foto: Archivo
No sabe cómo aquella persona sabía dónde estaba su abuela. Tampoco puede determinar cuánto tiempo permaneció allí ni explicar con precisión qué ocurrió después.
El humo comenzó a envolverlo.
Perdió el conocimiento.
Despertó posteriormente en una camioneta utilizada para trasladar sobrevivientes.
Entonces volvió a aparecer una escena que permanecería en su memoria: una mano que cayó sobre su rostro. José intentó apartarla y, al hacerlo, vio lo que recuerda como una mano separada del cuerpo.
Gritó.
Los rescatistas lo escucharon.
—Aquí está un niño, está vivo. Llévenselo con los vivos.
José sobrevivió.
Su hermana no.
Su abuela tampoco pudo ser localizada.
Para muchos, aquella peregrinación era una tradición profundamente arraigada: asistir a la fiesta patronal, cumplir una promesa, agradecer un favor o pedir la protección de San Francisco / Foto: Saltillo del Recuerdo
Durante años, su madre buscó el cuerpo de Berta en hospitales y lugares donde habían sido trasladados sobrevivientes y fallecidos. Nunca pudo encontrarlo.
No hubo una tumba donde llorarla.
Con el paso de los años, José relacionó aquella experiencia con su propia fe en San Francisco.
Su abuela era devota del santo y realizaba cada año la peregrinación a Real de Catorce para participar en la fiesta patronal del 4 de octubre.
Después del accidente, José se vinculó con movimientos franciscanos y, con el tiempo, regresó a lugares de culto dedicados a San Francisco.
Para él, aquella figura que apareció entre los restos del tren no fue simplemente un desconocido.
Fue San Francisco.
Los ecos del trenazo resuenan entre sus afectados desde el 97 a la actualidad en Saltillo / Foto: Jorge García
¿Cómo sobrevivió Ernestina, la niña de 11 años que viajaba en el tren?
Ernestina Bustos Rocha tenía 11 años.
Viajaba con su madre y, al igual que muchas familias de aquella época, había acudido a Real de Catorce como parte de una peregrinación religiosa.
Su madre era una mujer profundamente devota y participaba año con año en las peregrinaciones de los franciscanos. El viaje coincidía con la fiesta patronal que se realizaba cada 4 de octubre en honor a San Francisco.
Ernestina recuerda el viaje de regreso.
Recuerda que estaba medio dormida.
Y recuerda que el tren comenzó a moverse de una manera extraña.
Después vino el estruendo.
El ruido, explica, fue brutal.
Cada 5 de octubre los ecos del trenazo reviven la tragedia en Saltillo / Foto: Jorge García
Los vagones comenzaron a sacudirse y en cuestión de minutos todo cambió.
Ernestina quedó atrapada en uno de los vagones, que terminó semienterrado y parcialmente incendiado.
Comenzó a pedir auxilio.
Entonces apareció un hombre.
Era Luis Puga, un habitante de La Cárdenas.
Ernestina recuerda que el hombre logró llegar hasta ella y le gritó que se soltara, que se dejara caer.
Ella obedeció.
Cayó desde una altura considerable.
Y sobrevivió.
La tragedia del tren peregrino perdura en el colectivo saltillense como una herida con unn cicatriz imborrable / Foto. Jorge García
Puga la llevó hasta un lugar seguro.
Después, Ernestina recibió agua de un anciano que se acercó con un recipiente de peltre.
Durante décadas, aquella imagen permaneció intacta en su memoria.
Pero existe otro recuerdo que adquirió un significado especial con el paso de los años.
Antes de subir al tren, Ernestina dice haber visto a un hombre mayor, barbón, con ropa parecida a la de los antiguos trabajadores ferroviarios, huaraches y una gorra.
El hombre repetía una advertencia:
“No se vayan, es el tren de la muerte”.
Nadie le hizo caso.
Ernestina era una niña y el ambiente de la peregrinación estaba lleno de entusiasmo. Todos querían regresar después de participar en la fiesta de San Francisco.
Pero aquella figura quedó grabada en su memoria.
Con los años, al reconstruir lo ocurrido, llegó a una conclusión personal:
Para ella, aquel hombre era San Francisco.
Antes de subir al tren, Ernestina dice haber visto a un hombre mayor, barbón, con ropa parecida a la de los antiguos trabajadores ferroviarios, huaraches y una gorra.El hombre repetía una advertencia:“No se vayan, es el tren de la muerte”.Foto: Jorge García
¿Cuál es la coincidencia entre los dos sobrevivientes?
Los testimonios de José y Ernestina ocurrieron por separado.
Son historias distintas.
Uno era un niño de cuatro años.
La otra, una niña de 11.
Sus recuerdos también son diferentes.
Pero existe una coincidencia extraordinaria: ambos sobrevivientes aseguran haber visto una figura que relacionan con San Francisco.
Y en los dos relatos, esa figura aparece vinculada de alguna manera con la supervivencia.
En el caso de José, la figura que él describe lo habría tomado de la mano y conducido hasta su abuela, después de que el niño había quedado atrapado tras el descarrilamiento.
A los 19 años de edad, Toño de la Cruz se convirtió en un héroe civil al ser uno de los primeros testigos en llegar a la zona del desastre para auxiliar y rescatar a decenas de peregrinos / Foto: Jorge García
En el caso de Ernestina, la experiencia está relacionada con una figura que ella recuerda haber visto antes de abordar el tren y que, según su interpretación personal, le dejó una advertencia sobre lo que estaba por ocurrir.
Hay, además, otro elemento que conecta ambas historias: los dos viajaban en un tren peregrino lleno de feligreses devotos a San Francisco, después de la fiesta patronal celebrada cada 4 de octubre en su honor.
Para ellos, la coincidencia no es un dato menor.
Es parte de la manera en que han conseguido darle sentido a una tragedia que marcó sus vidas desde la infancia.
Desde una perspectiva histórica, no existe una forma de comprobar que aquellas figuras fueran literalmente San Francisco. Se trata de experiencias personales y religiosas narradas por sobrevivientes más de cinco décadas después de los hechos.
Pero para quienes las vivieron, el significado permanece.
Más de 20 horas después del accidente, los integrantes de la tripulación fueron acusados de diversos delitos, entre ellos daño en propiedad ajena, “homicidio colectivo” y violación a las vías de comunicación / Foto: Archivo
¿Qué provocó el trenazo de Saltillo?
Después del accidente surgieron distintas versiones sobre las causas.
Una de las primeras señalaba que la tripulación de la locomotora 8402-5, perteneciente a Ferrocarriles Nacionales de México, presuntamente se encontraba en estado de ebriedad.
También circularon versiones sobre la presencia de mujeres a bordo de la locomotora.
Más de 20 horas después del accidente, los integrantes de la tripulación fueron acusados de diversos delitos, entre ellos daño en propiedad ajena, “homicidio colectivo” y violación a las vías de comunicación.
Sin embargo, la hipótesis del estado de ebriedad fue posteriormente descartada.
La defensa de los trabajadores ferroviarios sostuvo entonces que el accidente había sido provocado por fallas y problemas en el tren.
También esa explicación fue cuestionada.
Con el paso del tiempo, las distintas versiones dejaron una pregunta abierta sobre las causas exactas del descarrilamiento.
¿Por qué el tren ingresó a aquella pendiente a una velocidad tan elevada?
¿Por qué los frenos no respondieron?
¿Hubo fallas mecánicas?
¿Existieron errores humanos?
¿Se investigaron todas las circunstancias con suficiente profundidad?
Décadas después, las interrogantes continúan formando parte de la memoria del llamado trenazo de Saltillo.
@dreamersmx01 “El Trenazo de Saltillo: La tragedia que México quiso olvidar…” Más de 1,500 pasajeros. 234 muertos confirmados… pero muchos más quedaron bajo los escombros. El 5 de octubre de 1972, el horror descendió en Puente Moreno. #TrenazoSaltillo #PuenteMoreno #Saltillo #RamosArizpe #Arteaga #HistoriasReales #TragediasDeMéxico #TerrorMexicano #LeyendasUrbanas #HistoriaOlvidada #ParanormalMéxico #NoLoVasACreer #ArchivoOscuro #RelatosDeTerror #TerrorEnTikTok #VocesDelMásAllá ? sonido original - DREAMERS
¿Cuánto duraron las labores de rescate y recuperación?
Las labores de rescate y recuperación se extendieron durante varios días.
Finalmente, concluyeron alrededor de las 17:00 horas del 8 de octubre de 1972.
Después llegaron las tareas de fumigación y limpieza.
Las locomotoras y los vagones involucrados fueron llevados a talleres para ser examinados y, posteriormente, terminaron siendo vendidos para fundir sus componentes, de acuerdo con versiones periodísticas y documentos relacionados con el accidente.
Pero para Saltillo, el trenazo no terminó cuando fueron retirados los restos.
Comenzó otra etapa.
La de buscar a los desaparecidos.
La de identificar cuerpos.
La de enterrar a los muertos.
La de atender a los heridos.
La de reconstruir familias.
Y también la de aprender a vivir con una pregunta que, para algunas familias, nunca tuvo respuesta.
Cada 4 y 5 de octubre agradece a Dios haber sobrevivido y recuerda la fiesta patronal de San Francisco, la celebración religiosa que dio origen a aquel viaje de peregrinación / Foto: Jorge García
¿Por qué la cicatriz vuelve cada 5 de octubre?
Ernestina tiene hoy 65 años.
José carga desde los cuatro años con los recuerdos fragmentados de aquella noche.
Ambos han pasado más de medio siglo hablando, recordando y reconstruyendo lo ocurrido.
Ernestina explica que cada aniversario vuelve a experimentar emocionalmente parte de aquella noche.
Para ella, la memoria funciona como una herida que aparentemente ha cerrado, pero que vuelve a doler cuando se toca.
Cada 4 y 5 de octubre agradece a Dios haber sobrevivido y recuerda la fiesta patronal de San Francisco, la celebración religiosa que dio origen a aquel viaje de peregrinación.
José también transformó aquella experiencia en una parte de su vida religiosa.
Para ambos, la tragedia no terminó en 1972.
Continuó en sus recuerdos, en sus familias y en la manera en que entendieron su propia supervivencia.
¿Por qué el tren nunca llegó a Saltillo?
El tren estaba a pocos kilómetros de Saltillo.
Pero nunca llegó.
Los vagones quedaron convertidos en fierros retorcidos y cenizas. Muchas familias perdieron a sus padres, hijos, hermanos, abuelos o vecinos.
En las colonias y comunidades de Saltillo quedaron casas donde alguien dejó de regresar.
Con el tiempo, algunas historias se transformaron en relatos familiares y otras en leyendas. Una de ellas habla incluso de viviendas que quedaron vacías después de que familias enteras desaparecieron en la tragedia. No existe evidencia suficiente para confirmar esa versión, pero forma parte del imaginario construido alrededor del accidente.
Lo que sí está documentado por los testimonios de los sobrevivientes es el impacto humano.
La angustia.
La búsqueda.
El rescate.
La solidaridad.
El duelo.
Y la necesidad de encontrar una explicación.
@postacoahuila El 5 de octubre de 1972, la tragedia del Trenazo de Saltillo dejó una huella imborrable en la ciudad. A 51 años del Trenazo de Saltillo, conoce las historias de quienes vivieron la tragedia del Trenazo #Saltillo #POSTACoahuila #TrenazoDeSaltillo ? sonido original - POSTA Coahuila
¿Qué significa San Francisco en la memoria de los sobrevivientes?
Más de cinco décadas después, dos sobrevivientes conservan un recuerdo que resulta difícil de ignorar por su coincidencia.
José, un niño de cuatro años, asegura que una figura barbada, con huaraches y vestimenta sencilla, lo llevó hasta su abuela después del accidente.
Ernestina, entonces de 11 años, recuerda a un hombre mayor, barbón, con huaraches y apariencia semejante a la de un antiguo trabajador ferroviario, que antes de la partida les advertía que no abordaran aquel tren.
Ambos relacionan aquellas experiencias con San Francisco.
Ambos eran peregrinos.
Ambos viajaban de regreso después de participar en la fiesta patronal del 4 de octubre.
Ambos sobrevivieron.
Y ambos interpretaron, con el paso de los años, aquella coincidencia como parte de su fe.
La historia no puede demostrar quiénes eran aquellas figuras.
Pero tampoco necesita hacerlo para comprender lo que significan para quienes las recuerdan.
Porque la memoria de una tragedia no está construida solamente con fechas, cifras, expedientes y fotografías.
También está hecha de las historias que los sobrevivientes conservan cuando todo lo demás desaparece.