¿Cuál fue la colonia más exclusiva de Torreón en el siglo XX? La historia de Torreón Jardín
Fundada en 1944, la colonia Torreón Jardín fue por décadas la zona residencial más elegante de Torreón, Coahuila, hogar de las familias más acomodadas
Fundada en 1944, la colonia Torreón Jardín fue por décadas la zona residencial más elegante de Torreón, Coahuila, hogar de las familias más acomodadas. (ClascoMX | Canva)
Resumen y análisis automáticos realizados con Inteligencia Artificial
Tiempo de lectura:
—
¿Fue útil este resumen?
Este resumen y su análisis fueron generados con apoyo de Inteligencia
Artificial.
Aunque buscamos ofrecer claridad y precisión, pueden existir errores, omisiones
o
interpretaciones inexactas. Úsalo como guía rápida y consulta
la
nota completa para obtener el contexto completo.
Desarrollado por SACS
IA
En Torreón, cuando alguien habla de la colonia más elegante que tuvo la ciudad en el siglo XX, el nombre que surge de manera casi automática es siempre el mismo: Torreón Jardín.
Ubicada al sur del primer cuadro de la ciudad, cerca del Estadio Revolucióny del bulevar del mismo nombre, esta colonia residencial fue durante décadas el destino donde vivía la gente más acomodada de la Comarca Lagunera.
Antes de convertirse en ese referente de exclusividad, la zona tuvo una vida previa muy distinta. De acuerdo con El Siglo de Torreón, los registros históricos muestran que entre 1908 y 1933 el área era conocida simplemente como la colonia Zaragoza.
Solo hasta la década de los cuarenta tomó su forma y nombre definitivos, cuando comenzó a promocionarse como uno de los nuevos sectores de Torreón para vivir, con casas grandes, amplias, elegantes y extensos jardines que dieron origen precisamente a su nombre.
¿Cuándo y cómo se fundó la colonia Torreón Jardín?
La colonia fue fundada en 1944 por los hermanos Alberto y Fermín Genty, junto con Dolores Ríos. Fue planeada bajo un enfoque residencial innovador para su época, en un momento en que Torreón vivía un importante crecimiento poblacional y una expansión urbana significativa.
Ese auge derivó en la edificación de chalets, residencias de estilo californiano y construcciones funcionalistas que configuraron el carácter arquitectónico de la colonia, el cual los expertos identifican como comparable al de Monterrey o incluso al de la Ciudad de México en aquellos años.
Desde sus primeros años, Torreón Jardínse distinguió por elementos urbanos que no existían en ningún otro punto de la ciudad:
La avenida Central, su eje principal, alberga una réplica a escala de la Torre Eiffel y un reloj solar construido en 1946 con placas de piedra de cantera rosada, con relojes verticales hacia los cuatro puntos cardinales, según Milenio.
Cuatro enormes pilares —en realidad tanques de almacenamiento de agua— que se convirtieron en los íconos visuales más reconocibles de la colonia.
Un sistema de autogestión del agua potable a través de una sociedad cooperativa de consumo administrada por sus propios colonos.
Amplios camellones, glorietas, fuentes y espejos de agua que, según el blog Una Vuelta por Torreón, no tienen equivalente en ningún otro lugar de la Comarca Lagunera.
El Instituto Municipal de Planeación y Competitividad de Torreón (Implan) reconoció el valor patrimonial del Reloj Solar de Torreón Jardín al incluirlo en la lista de inmuebles con valor arquitectónico y social que reflejan la identidad de la ciudad, junto a edificios como el Teatro Isauro Martínez o la Facultad de Medicina de la UA de C.
¿Por qué Torreón Jardín fue considerada la colonia más exclusiva de Torreón durante décadas?
El estatus de Torreón Jardín como la colonia más elegante de la ciudad no descansó solo en su arquitectura. Fue también un asunto educativo y social. En su territorio se establecieron los colegios más prestigiosos de Torreón: la Escuela Carlos Pereyra, el Colegio Americano de Torreón y el colegio Torreón Jardín, tres instituciones que durante generaciones concentraron a las familias de mayor poder adquisitivo de la región.
El pulso social de la colonia se vivía con mayor intensidad los domingos. En los años ochenta era una costumbre arraigada ver a los jóvenes paseando en automóvil por la avenida Central, dando vueltas en un ritual de convivencia que en esa época se consideraba entretenimiento y punto de encuentro sentimental.