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"No me olviden, falto yo": el abrazo colectivo que detuvo la marcha del 8M en la CDMX

En medio de la marea morada Don José Luis Castillo volvió a marchar exigiendo justicia por su hija Esmeralda Castillo Rincón.

El conmovedor gesto de las feministas con José Luis Castillo. Foto: IA
El conmovedor gesto de las feministas con José Luis Castillo. Foto: IA

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Hay imágenes que detienen el tiempo, y este domingo 8 de marzo de 2026, el Paseo de la Reforma fue testigo de una de ellas, entre consignas, humo violeta y la fuerza de miles de mujeres, un hombre de cabello cano y mirada inquebrantable se convirtió, una vez más, en el epicentro del sentimiento colectivo.

José Luis Castillo, el padre que ha hecho de la búsqueda de su hija una bandera nacional, caminó hacia el Zócalo Capitalino portando su emblemática lona: "No me olviden, falto yo".

A 17 años de la desaparición de Esmeralda Castillo Rincón, su presencia no fue la de un extraño, sino la de un símbolo de resistencia abrazado por el feminismo mexicano.

Un abrazo colectivo que rompe la impunidad

A diferencia de otros años, el 8M de 2026 se sintió marcado por una memoria que se niega a morir, al grito de “¡No estás solo!”, diversos contingentes abrieron sus filas para rodear a Don José Luis.

El momento fue ensordecedor: cientos de mujeres se acercaron no para increpar, sino para ofrecer flores, agua y el calor de una manada que lo reconoce como propio.

"Esmeralda hermana, aquí está tu manada", resonó en las inmediaciones del Palacio Bellas Artes, mientras Don José Luis, con la voz entrecortada, respondía al apoyo de las jóvenes activistas.

Para el movimiento feminista en México, Castillo representa la paternidad presente y combativa en un país donde la violencia arrebata la vida de 11 mujeres al día, su conexión con la marcha se selló hace años a través de la diamantina rosa, un gesto de amor puro que hoy es un rito de justicia.

17 años de lucha: ¿Qué pasó con Esmeralda Castillo?

La tragedia que transformó a José Luis y a su esposa, Martha Alicia Rincón, en brigadistas permanentes, comenzó el 19 de mayo de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Esmeralda tenía solo 14 años cuando salió hacia la secundaria y desapareció.

Desde entonces, la familia ha enfrentado un calvario de indolencia institucional:

  • En 2013: La Fiscalía de Chihuahua intentó cerrar el caso entregando un único resto óseo, exigiendo que la familia aceptara la muerte de Esmeralda sin una investigación profunda.
  • La negativa: José Luis se negó a claudicar sin pruebas contundentes, denunciando la revictimización y la falta de seguimiento a las líneas de trata de personas.

"Pronto te voy a estar dando ese abrazo que tanto deseo darte, mi niña”, expresó Don José Luis durante la movilización, recordándonos que, aunque el tiempo pase, la exigencia de verdad sigue vigente.

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La integración de un hombre en una marcha mayoritariamente separatista es un fenómeno único en el caso de Castillo. Su legitimidad proviene de su humildad y su respeto absoluto al movimiento.

Este año, jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando Esmeralda desapareció, se unieron a él para lanzar diamantina, manteniendo viva la promesa de no olvidar.

La figura de José Luis Castillo en este 8 de marzo es el recordatorio de que la lucha contra la desaparición forzada y el feminicidio en México es una herida abierta que solo la solidaridad y la justicia real podrá comenzar a sanar.

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