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La respuesta corta es clara: no existen meses más sísmicos que otros. La Tierra no distingue calendarios. Sin embargo, el tema tiene más matices de lo que parece.
Hay un punto importante que explica por qué enero carga con esta fama. Enero sí aparece entre los meses en los que han ocurrido algunos de los sismos de mayor magnitud en México, pero estadísticamente no es el mes en el que más tiembla.
Un altavoz público montado en un poste con la bandera de México ondeando en el fondo desenfocado. Foto: Especial
Uno de los ejemplos más recordados de sismos en el mes de enero es el ocurrido en Colima durante el 2003, de magnitud 7.6.
De acuerdo con el Sismológico Nacional, en los últimos cinco años, el mes de enero de 2020 fue el que más registró sismos con 4 mil 544 pero enero de 2024 por ejemplo solo registro 2 mil 294.
Entonces, ¿por qué sentimos que en enero tiembla más?
Aquí entra en juego la percepción. A inicios de año estamos más atentos, más alertas y con menos eventos acumulados en la memoria reciente. Cualquier sismo que ocurre en enero se convierte, automáticamente, en “el primero del año” y eso lo vuelve más memorable.
Nuestro cerebro tiende a asociar el inicio de un ciclo con los eventos que lo marcan. Por eso, los temblores de enero suelen sentirse más presentes, más comentados y más recordados, aunque estadísticamente no sean más frecuentes que en otros meses.
Alerta sísmica en México el 2 de enero. Foto: Especial
El factor CDMX: cuando el suelo amplifica el movimiento
En la Ciudad de México hay un factor extra. El suelo blando del Valle de México, construido sobre lo que fue un lago, amplifica las ondas sísmicas, incluso cuando el epicentro está a cientos de kilómetros, como suele ocurrir con sismos en Guerrero.
Por eso, movimientos que en otras regiones pasan casi desapercibidos, aquí se sienten con mayor intensidad y duración, reforzando la sensación de que “tiembla más”.
Así que no: ni enero, ni el frío, ni las lluvias provocan sismos. Lo que sí es una constante es que México se encuentra en una de las zonas sísmicas más activas del mundo, por la interacción de varias placas tectónicas.