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CDMX

“En los barrios se forma el talento”: Jair Genchi, el bailarín que inspira la pasión por la danza y rompe estereotipos en CDMX

El bailarín y maestro de ballroom demuestra que el talento no nace en la Roma ni en la Condesa, sino donde hay pasión, disciplina y comunidad.

De los barrios de CDMX al éxito: así rompe estereotipos el bailarín Jair Genchi. Foto: Paola Atziri
De los barrios de CDMX al éxito: así rompe estereotipos el bailarín Jair Genchi. Foto: Paola Atziri

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“Yo no hablo, yo danzo porque es mi lenguaje”. Así define Jair Genchi, bailarín y coreógrafo, lo que significa la danza en su vida. No como una disciplina, no como una carrera, sino como una forma de existir.

“No podría hacer otra cosa que no sea bailar”, confiesa. Para él, el movimiento dice lo que las palabras no alcanzan a expresar: “Siempre me he considerado una persona que no sabe expresarse por medio del habla, pero cuando bailo me lo entiendes todo”.

En CDMX no hay una cifra oficial de bailarines y bailarinas profesionales, uno de los factores es que hay una multiplicidad de disciplinas y espacios para la danza.

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A principios de 2025, la fuerza laboral de bailarines y coreógrafos en México se estimó en aproximadamente 4.12 mil personas, de acuerdo con datos de Data Mexico.

La historia de Genchi comenzó como la de muchos jóvenes en México: en unos XV años. Cuando iba a la secundaria, una amiga lo invitó a participar en su fiesta.

Bastó con pisar la pista para entender que ese era su lugar. “En cuanto pisé una pista dije: de aquí soy”. Lo que empezó como una tradición terminó convirtiéndose en vocación.

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Desde ese momento, supo que no quería quedarse solo en coreografías de salón. Soñaba con escenarios grandes, con televisión, con artistas. “Yo decía: no me voy a quedar para siempre en los 15 años. Quiero bailar con un artista, quiero salir en televisión, quiero llegar a las grandes ligas”. Pero el camino no fue sencillo.

Romper con estigmas en la danza

Genchi es intérprete en danza de concierto y ha representado a México en competencias internacionales de baile de salón europeo, mejor conocido como ballroom. Sin embargo, nunca fue parte del “estereotipo” del bailarín.

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“No tengo el cuerpo estereotipo de los bailarines, no soy tan alto. También tenía que ver mi color de piel”, comparte. A eso se sumaron los comentarios por ser hombre en la danza: “Siempre te enfrentas a que si es gay, que si usas mayitas… pero cuando tienes una meta, haces oídos sordos”.

Lejos de rendirse, decidió convertir lo que otros veían como debilidad en fortaleza. “Siempre busquen su valor y aférrense a él”.

Hoy reconoce que el panorama es más diverso y abierto, pero insiste en que la clave sigue siendo la misma: convicción y pasión.

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La danza como salvación y legado

Para Genchi, bailar es libertad. Recuerda una frase de la novela La bruja de Portobello, de Paulo Coelho, que hizo suya: “Cuando bailo, soy un espíritu libre que puede viajar por el universo”.

Esa conexión casi espiritual es la que lo mantiene firme incluso en momentos difíciles. “La danza es todo”, dice sin titubeos.

Pero su mayor triunfo no está en medallas ni en viajes internacionales. “Mi mayor triunfo no es el dinero, no son competencias. Es verme reflejado en las nuevas generaciones” y promover el ballroom en CDMX. 

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La academia en Ramos Millán: donde se pulen los diamantes

Su academia, The Gold Dancer Ballroom México, está ubicada en la colonia Ramos Millán, en Iztacalco. Un barrio donde no abundan los estudios especializados de danza como sí ocurre en zonas como la Colonia Roma o la Colonia Condesa.

Esta nació porque sus padres, preocupados por que viajara lejos para entrenar, le propusieron rentar un espacio propio. Con el tiempo, ese lugar se convirtió en semillero de talento.

Ahí imparte clases de ballroom, reggaetón, twerk, zumba y salsa. Pero más allá de los estilos, el enfoque es formativo. “En los barrios, las academias es donde realmente se encuentra nuevo talento. Son diamantes a punto de ser pulidos y enviados al mundo”, afirma.

Para él, descentralizar la oferta cultural es clave: “Estaría bien que aprendamos a descentralizar este tipo de negocios. Donde está el talento, el empuje y la verdadera pasión es en el barrio”.

En contraste, cuando da clases en estudios de zonas más acomodadas, el perfil cambia: “En otros estudios llega gente ya más preparada, que ya tiene una carrera. Van a empaparse de nueva información para emplearla en montajes o en su carrera como ejecutantes”.

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La diferencia no es de capacidad, sino de contexto. En Ramos Millán se construyen las bases; en las zonas comerciales se perfeccionan trayectorias.

Pese a que en la Ciudad de México existen convocatorias y estímulos impulsados por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México para creadores escénicos, el coreógrafo hace un llamado a que haya más apoyo incluidas a las personas con discapacidad. 

“Nunca reciban un no como respuesta”

En este 28 de febrero, Día del Bailarín, el ganador de concursos nacionales e internacionales, envía un mensaje es claro cualquier persona que tenga un sueño:

“Nunca se rindan. Si tienen un objetivo en su mente, hagan todo lo posible por lograrlo. Hagan de sus debilidades sus fortalezas y todo lo que hagan, háganlo con amor y pasión”.

Desde Iztacalco, demuestra que el arte puede ser refugio, lenguaje y destino. Y que, cuando se baila con pasión, el escenario puede comenzar incluso en unos XV años.

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