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Este pueblito de Baja California Sur conserva olivos que tienen más de 300 años

El ejemplar es uno de los árboles que permanecen en la zona de una antigua huerta misional de Baja California Sur.

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En la Sierra de la Giganta, a pocos kilómetros de Loreto, se encuentra, una pequeña comunidad ligada a la historia de las misiones de Baja California Sur.

El lugar conserva una antigua iglesia, huertas y un sistema de riego relacionado con los primeros años del asentamiento.

¿Cuál es el pueblito de Baja California Sur que conserva olivos que tienen más de 300 años?

San Javier se encuentra aproximadamente a 30 kilómetros al suroeste de Loreto, en una zona de la Sierra de la Giganta donde todavía pueden encontrarse huertas y vegetación alrededor del antiguo asentamiento misional.

Uno de los elementos que se relacionan con esa historia es un olivo ubicado detrás de la Misión de San Francisco Javier Viggé-Biaundó, al que se atribuye una antigüedad de más de 300 años. La historia de este árbol está ligada a la actividad agrícola que comenzó con la misión.

De acuerdo con información de la Secretaría de Turismo y Economía de Baja California Sur, después de que la misión fue restablecida en su ubicación actual en 1701, el padre Juan de Ugarte comenzó a cultivar trigo, maíz, frijol y árboles frutales.

Para mantener estos cultivos se construyeron canales de riego y estanques para almacenar agua. El olivo que se conserva en la zona forma parte de ese paisaje agrícola que se desarrolló alrededor de la misión.

Más que tratarse solamente de un árbol antiguo, su presencia permite conocer una parte de cómo se aprovechaba el agua y se cultivaba en esta región hace varios siglos.

La disponibilidad de agua fue uno de los factores que permitió que San Javier se convirtiera en un sitio adecuado para la agricultura. La información histórica señala que el asentamiento fue trasladado a un lugar con mejores condiciones para los cultivos y cerca de un ojo de agua.

El sistema de canales permitió llevar agua hacia las áreas de cultivo, algo que hizo posible mantener árboles y diferentes productos agrícolas en una zona donde las condiciones naturales son secas.

Foto: TripAdvisor

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¿Qué historia tiene la misión de San Javier?

La Misión de San Francisco Javier Viggé-Biaundó fue fundada en 1699 por el jesuita Francisco María Piccolo. Es considerada la segunda misión fundada después de la de Loreto dentro de la cronología de las misiones de Baja California Sur.

El primer asentamiento no permaneció en el mismo sitio. Después de algunos conflictos, la misión fue restablecida en 1701 en el lugar donde se encuentra actualmente.

La construcción de la iglesia de piedra que hoy identifica a San Javier comenzó en 1744 y quedó terminada durante la década de 1750.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia señala que el templo corresponde a la arquitectura religiosa del siglo XVIII y actualmente está registrado como monumento histórico.

En el interior se conserva un retablo de madera tallada y dorada, además de pinturas y otros elementos religiosos de la época. El INAH también describe la misión como una construcción de estilo barroco y destaca sus características arquitectónicas.

La misión no solamente funcionó como espacio religioso. A su alrededor se desarrollaron actividades agrícolas que dejaron huella en el paisaje de San Javier.

Entre los productos que se cultivaron durante los primeros años aparecen:

  • Trigo.
  • Maíz.
  • Frijol.
  • Uva.
  • Caña de azúcar.
  • Árboles frutales.

Los canales de riego y los estanques formaron parte de esa infraestructura agrícola. Algunos elementos de este sistema todavía pueden reconocerse en el entorno de la comunidad.

Por eso, visitar San Javier permite encontrar algo más que una iglesia antigua. El poblado conserva parte de la relación entre la misión, el agua y la agricultura que se desarrolló en esta zona de la península.

Foto: TripAdvisor

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¿Qué se puede conocer en San Javier actualmente?

La misión es el principal punto histórico de la comunidad, pero el recorrido por San Javier también permite observar el entorno que se desarrolló alrededor del antiguo asentamiento.

El lugar mantiene una población pequeña y se encuentra rodeado por las montañas de la Sierra de la Giganta. El camino desde Loreto atraviesa la sierra y conduce hasta la comunidad.

La misión forma parte de la Ruta de las Misiones de Baja California Sur, un recorrido que reúne distintos sitios relacionados con la historia misional de la península.

Además de la iglesia, uno de los elementos que llaman la atención es precisamente la vegetación que se mantiene en una zona donde predominan las condiciones desérticas.

Los antiguos sistemas de riego ayudaron a desarrollar huertas y cultivos alrededor de la misión. De acuerdo con los registros históricos, el padre Juan de Ugarte impulsó estos trabajos después del establecimiento de la misión en el sitio actual.

El olivo al que se atribuyen más de tres siglos de antigüedad forma parte de esta historia agrícola y es uno de los elementos que se pueden relacionar con el pasado de San Javier.

La antigüedad exacta del árbol no aparece establecida en las fuentes históricas consultadas por año de plantación, por lo que el dato de los más de 300 años debe manejarse como una estimación y no como una edad certificada.

Para quienes visitan la zona desde Loreto, San Javier representa además una de las comunidades más conocidas dentro de la ruta histórica de las misiones. Su iglesia, sus huertas y los vestigios del sistema de riego permiten conocer cómo se desarrolló este asentamiento a partir de la llegada de los jesuitas.

Actualmente, el sitio continúa siendo visitado por personas interesadas en la historia y el patrimonio de Baja California Sur. El INAH tiene registrada la Misión de San Francisco Javier Viggé-Biaundó como Monumento Histórico, con una declaratoria emitida en 1959.

Así, el olivo que se encuentra en el entorno de la misión no puede separarse de la historia agrícola de San Javier: forma parte de un paisaje que comenzó a transformarse hace más de tres siglos.

Esto cuando los primeros habitantes del asentamiento construyeron canales, aprovecharon el agua disponible y comenzaron a cultivar en medio de la Sierra de la Giganta.


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